Escuchando: Pyramid Song - Radiohead
viernes, julio 20, 2012
Oslo
Aquel verano en Oslo pasó como un relámpago. Y después sólo
quedó aquella luz helada. Los atardeceres limpios. No quedó nada, en realidad.
Porque, ¿quién sigue repasando los perfiles de las pisadas que hemos ido
dejando? Desaparecen. Ni siquiera tatuamos nuestras iniciales en un árbol
–Norwegian Wood-. Son sólo recuerdos afilados para mantenerme despierto porque,
en el fondo, sigo creyendo que la suerte tiene los frenos gastados, se te puede
cruzar en cualquier esquina, cualquier noche, a cualquier hora. Y yo mirando
todas esas luces, desde tan arriba, desde tan lejos. Allí, la palpitación
incesante; la llamada de la selva. Oslo está a mis pies y yo, con las venas vacías,
busco el brillo de tu figura, seguro de ser capaz de reconocerte entre un
millón de ellas. La vida se conquista con actitud.
jueves, mayo 31, 2012
Como la noche
Ya no me gusta
cómo huele aquí. Aquella mirada captada entre centenares de ojos. Ese instante.
Esa punzada. Cómo expresar el desengaño, el vacío, que se siente ahora, cuando
termina de picar en el pecho. En el barrio ya nadie habla de aquellos extraños
pájaros negros. Se fueron. Ni ellos dejan ya sus pequeñas marcar sobre la
oxidada barandilla. Yo siempre he sabido que los pájaros pueden matar. Al menos
a ti y a mí. El otro día tuve la tentación de marcharme y dejar la puerta
abierta. Al volver habría alguien, seguro. Y con eso me hubiera bastado. La
pintura se descascarilla dejando pequeños cráteres por todas las paredes. Me
agobia pensar que se harán tan grandes que terminarán por engullirme. Como la
noche a aquellos pájaros. Como la noche a ti.
Escuchando: Segundo asalto - Love of lesbian
jueves, mayo 24, 2012
Engaño
Probablemente ninguna de aquellas que aparecen en las fotos
eres tú realmente. Si las lanzara al aire ninguna caería boca arriba, estoy
convencido. Hay veces que las cartas están todas marcadas desde el comienzo y
la partida es una trampa en sí misma. El problema radica en lo difícil que
resulta descubrir los trucos, las mangas demasiado anchas, las dobles barajas. El
engaño habita en tantos recodos. Y en un momento determinado del camino hacer
que lees el periódico para no admitir que no ves aquello que todos ven menos
tú. Susurros en cada esquina colocándote unas orejas de burro bien grandes. Un
tonto el que lo lea en el muro de tus lamentaciones. Y así las sucesivas
vueltas a un tiovivo que nunca gira alrededor del mismo eje. Aunque lo ponga.
Aunque sean las reglas.
Escuchando: Beautiful boy - John Lennon
lunes, mayo 21, 2012
Ahorcado
Está colgado en
el kilómetro número tres de la carretera que va hacia el mar. Permanece ahí, con
una gruesa cuerda atada al cuello, oscilando al capricho del viento, con los
pies descalzos. El árbol es grande, enorme, de ramas muy largas como brazos. Aún
es de noche y nadie ha podido ver todavía ese cuerpo suspendido en el aire, la
lengua partida asomando a medias por esa boca que no es más que una fina línea.
Al otro lado de la carretera estoy yo, observando la escena, como el director
que permanece tras la cámara viendo los movimientos de sus actores. En realidad
ya he visto la película. Entera. Ahora sólo espero la secuela, que va a llegar
conforme la iluminación vaya inundando el escenario. Cuando llegue el nuevo
guión.
Escuchando: Alone - Ben Harper
martes, abril 17, 2012
Monstruos (recordando)
Ella piensa que son sus ojos. Que le duele porque le mira, porque fija
sus pupilas hasta que supuran los lagrimales. Y muchas noches no puede
dormir y abraza fuerte la almohada mientras un miedo atroz le agarra los
tobillos. Lo recuerda bien, las noches en aquella casa de enormes
ventanales, cuando estrechaba con fuerza su muñeca para que el monstruo
del armario no se la llevara y la dejara allí sola, perdida otra vez.
Ahora es igual y la respiración le traiciona cuando está lejos, cuando
sus pupilas no pueden hacer blanco. Porque una foto no es lo mismo. No
lo es. Sabe que llorar para no llorar no tiene buena pinta, igual que el
miedo a perder para no perder. Pero no lo puede evitar porque cree que
el monstruo ya no habita en aquel armario y puede estar en cualquier
lugar, acechando su felicidad, esperando para arrancarle el nuevo hilo
que la ata al mundo.
Escuchando: No más lágrimas - Héroes del Silencio
Escuchando: No más lágrimas - Héroes del Silencio
miércoles, abril 04, 2012
Gélido
¿Alguna vez te han abrazado al caer el sol?,
preguntas, tiritando de frío. ¿Quisiste alguna vez coleccionar tantas plumas
como entraran en tus manos abiertas de par en par? Yo quise y me lo
prohibieron. Tiritas. Quizás no de frío. Alguna vez pretendí rodearme de gente,
pero terminé por elegir el espacio, el vacío. Y duró, duró más de lo que
hubiera adivinado. Tanto que se convirtió en yo, y ahora no hay más hacia dónde
mirar. Tiritas como nadie que yo haya conocido ha tiritado jamás. Creí tener la
conciencia sobre mis hombros, pero no hacen más que mentirte, ¿sabes? Son
medias verdades escondidas entre los destellos del sol. Es un oír para no
escuchar. Tu cuerpo es una hoja en mitad de un huracán. Como querer pintar de
rojo todas las paredes y terminar tirándolas. Como reconocer, al fin y al
cabo, que tu vida no pertenece a nadie. Ni siquiera a uno mismo.
Escuchando: Jesus fever - Kurt Vile
viernes, marzo 23, 2012
Pegatina
Era como una pegatina de esas que llevan tanto tiempo en el
cristal que han perdido su color. O así al menos me sentía en aquella enorme
llanura llena de polvo. Dábamos dos pasos y estábamos fuera, hundidos en la
arena, azotados por la metralla que escupía el viento. Alguna vez había oído
decir que era este ambiente, que nadie podía permanecer al margen siempre. Así
que estaba esa actitud de resignación; la sensación de jaula con barrotes de
arena. Qué más daba, la vida tenía límites y nadie había escrito sobre lo que estaba al otro lado.
Escuchando: No one knows - Queens of the stone age
martes, febrero 14, 2012
Ser y no estar
Yo soy el que llega
tarde a todas las oportunidades. Yo soy el que ve siempre partir al tren, con
su chirrido metálico y su bocina de bicicleta. Yo soy el pañuelo agitándose al
viento mientras piensa que otra vez será, que habrá más trenes. Yo soy el deseo
y las ganas de ir junto a la ventanilla, disfrutando del paisaje, pero, sobre
todo, de la compañía. Yo soy horas y horas en el banco de madera del andén,
diciéndome a mí mismo que es solo cuestión de tiempo. Yo soy el que observa, abstraído,
ausente, el enorme reloj circular con sus dos soldados persiguiéndose. Yo soy
el que una y otra vez olvida el pasaporte en el cajón de la mesilla. Yo soy una
suerte de Bill Murray condenado un día tras otro a esperar el mismo tren. Yo
soy la repetición de un fracaso, de una concesión, que se perpetúa en un bucle
sin final conocido.
Escuchando: La ciudad del viento - Quique González
martes, enero 24, 2012
Zumbido
Habías llegado muy tarde y yo fingía dormir sobre la sucia cama sin deshacer. Te habías deslizado dentro de la habitación, apenas interrumpiendo el continuo zumbido del cartel de neón. Había llorado toda la noche pensando en ti, en lo que había pasado horas antes. Y ahora ni siquiera tenía fuerzas para levantarme. Tantas cosas que decir. Te miraste en el sucio espejo de la habitación, bañada a medias por la luz verde de fluorescente, y pude vislumbrar un leve brillo en tu mejilla, fugaz pero real. No te habías quitado el abrigo, como el que va de paso, y supe que esa noche no ibas a dormir junto a mí; esa noche no. Permaneciste allí, de pie junto al espejo, el suficiente tiempo como para que sintiera un miedo inconsolable, un terror que me erizó la piel. Un tiempo que no sabría cuantificar, pero que fue un simple suspiro para mí, hundido en un cenagal de pavor y reproches, incapaz de pensar. Mientras sacabas tu maleta de aquel triste armario, tuve la absoluta certeza de que iba a ser incapaz de moverme, ni tan siquiera de hablarte. Ni un solo gesto; los ojos entreabiertos. Te acercaste de nuevo hasta la puerta, despacio, casi levitando, y yo moría por ver si te despedirías, si acaso mirarías una última vez a quien fue lo que siempre quisimos ser, pero incapaz de mover la cabeza, de ganar ángulo, retenido por la cobardía. Ni siquiera entonces cesó el zumbido.
Escuchando: Passover - Joy Division
Escuchando: Passover - Joy Division
lunes, enero 16, 2012
Idealizar
Me gustaría hablar de aquellas tardes en el desierto. De las horas y horas junto a la vieja central eléctrica. Del agobio compartido y los planes que quedaron cubiertos por la arena. De las confesiones con un nudo en la garganta. Me gustaría pero quiero se fiel a todo aquello. Hay cosas que pierden su naturaleza si las dejas salir; se corrompen en cierto modo. Cuando dejan de ser pensadas para ser dichas, se transforman en otra cosa. Y yo quiero que tú seas tú y nada más. Con los mismos escenarios y los mismos actores de reparto. Yo quiero que seas mi recuerdo y de nadie más. Porque quizás si te dejo salir se me caiga un mito.
Escuchando: Like a stranger - Bodies of water
Escuchando: Like a stranger - Bodies of water
lunes, enero 09, 2012
Dibujos que son vidas
Cuando las lágrimas ya no son más que pequeñas pecas
brillantes sobre tus mejillas, te giras y clavas tus ojos en el horizonte. -¿Sabes?,
de pequeña yo dibujaba escenas sobre cómo quería que fuera mi vida. Allí había un
precioso ático con mucha luz, un perro a los pies de la cama, un escritorio
lleno de libros, un niño rubio sobre un columpio, un hombre ideal…-. Mientras
vas enumerando, yo puedo ver las instantáneas, una a una, con claridad. -Ya
hace tiempo que no dibujo, se me daba bien, ¿sabes? Mi madre me decía que
quizás algún día podría ganarme la vida con ello. No ha quedado nada-, dices
casi en un susurro mientras bajas la mirada hacia el barro que comienza a la
altura de tus pies. -Ni siquiera quise eso. Ni lo supe ni lo sé-. Te dejo
hablar por cobardía, por incapacidad. –Ahora, ni siquiera sabría dibujar un
solo sueño-. Cierro los ojos mientras dibujo con los labios un silencioso Yo
tampoco.
Escuchando: De viaje - Los Planetas
jueves, diciembre 08, 2011
En esos días
Es precisamente en esos días libres, ociosos, en los que el
tiempo se escapa lentamente, como no queriendo ocurrir, en los que tendemos a
pensar que nada es como realmente planeábamos que fuera. Quizás no mejor ni
peor, pero sí diferente. Ni las calles ni el ambiente es el que esperábamos,
pero tampoco lo es la compañía, más aún si ésta es la soledad. Pasear de la
mano de ella, en días como esos, puede poner al límite del aguante a
cualquiera. Porque es en esos días, y no en otros, en los que uno conoce la
verdadera dimensión de su espacio en este mundo, y de la mano de ella el
espacio es tan grande que entran ganas de meterse en un cafetería llena de
gente para que ocupe esos lugares vacíos, que elimine ese vértigo creciente. Es
una solución temporal, claro, pero necesaria en días como esos. Y uno contempla
con toneladas de envidia en su interior como el espacio alrededor de los demás
es inexistente, mientras que evita mirar a los lados para no tener que volver a
asustarse de la ausencia que le acompaña. El otro día –y no fue un día de esos,
claro- un amigo me dijo que gente como yo éramos víctima de un síndrome
denominado horror vacui, cuyo nombre habían cogido los psicólogos prestado del
mundo del arte para explicar la naturaleza de dicho síndrome. Yo le dije que
no, que para que eso fuera cierto, al menos en mi caso, yo debería de ocupar todas la horas de mi vida intentando rellenar esos huecos que me rodean y me aíslan.
Y no es el caso. Pero, en fin, en días como esos, en días sin nada por delante ni por detrás, es cuando uno filosofea con lo que no debería y juega más de la
cuenta a la ruleta rusa con sus sentimientos.
Escuchando: Sim sala bim - Fleet Foxes
miércoles, diciembre 07, 2011
Malditas calles
Apenas puedo
distinguir los límites de la ciudad, confundidos siempre entre esta bruma gris
y pesada, asfixiante. Tanto tiempo aquí y, sin embargo, tan perdido. En
búsqueda de algo que ni siquiera yo sé qué es. Una vez alguien -que ahora está
hundido en las profundidades de mi alcohol- me dijo que en esta ciudad no hay
calles sino laberintos. En esas calles donde hemos ganado y perdido amores,
donde hemos bebido cerveza como si no hubiera un mañana, en las que hemos
descubierto que los libros y las canciones siempre nos han mentido, ahora sólo
podemos dejarnos llevar y esperar pasar desapercibidos en sus esquinas. Camuflarse
es sin duda la mejor manera de hacerlo. Uno no desaparece ni está, se encuentra
en un limbo desde el que no hiere pero tampoco es herido. Quizás esa sea la única
manera de no salir nunca más del laberinto. Porque, al fin y al cabo, quién
quiere realmente hacerlo.
Escuchando: The death of you and me - Noel
Gallagher
jueves, noviembre 17, 2011
Tan oscuro
Está todo tan oscuro que a veces ya ni me acuerdo. Todo,
absolutamente todo, ha perdido el color y, en realidad, ha dejado de
importarme. Ni siquiera existe ya un tú que alivie las horas. Simplemente están
vacías y yo ya no me percato de ello. Todo tan oscuro y tan cerrado a la vez.
Tan ordenado. No hay espacio para la improvisación. Ese tú que existía, ese tú
sin nombre y sin cuerpo, bajó la persiana definitivamente. Y aquí está todo tan
oscuro. Ni siquiera un amago de la vieja melancolía. Antes tenía miedo de sacar
la cabeza, no fuera a ser que me acordara de ese tú que antes sí existía y no
fuera capaz de volver a ocultarla. Ahora ya no hay miedo, desde el momento en
que ya no hubo más y si hoy apareces, y si es el día, y si hoy no vuelvo a estar
solo en este sofá, y si hoy por fin paseo de la mano de alguien, y si hoy es el
día en que desaparece para siempre esta puta oscuridad.
Escuchando: The drugs don't work - Covered by Ben Harper
martes, noviembre 08, 2011
Fuegos artificiales
Acababas de regresar y desde la colina podíamos ver toda la
ciudad. Las luces amarillas llenándolo todo. Me daba miedo preguntarte,
desencadenar algo que quizás estuviera mejor oculto. Así que permanecí callada, mirando de reojo el
perfil de tu cara, sin una expresión definida. Los fuegos artificiales comenzaron a
centellear y la vista de la ciudad adquirió un tono futurista. Una luna
multicolor. Nuestro silencio permanecía inmune a las explosiones. Metiste la mano en el bolsillo de tu gabardina y sacaste la pistola. Dejaste
caer el brazo y el arma brilló por un instante. Tu mirada perdida en la
colección de edificios. Entonces la soltaste, con suavidad, simplemente
abriendo la mano, como el que permite escapar a un pájaro para que vuelva a
volar. Cuando tocó el suelo, el último racimo de colores llenó la noche,
permaneciendo unos segundos antes de disiparse dibujando una lluvia de
estrellas. Quedó entonces un silencio tan definitivo que se convirtió en dolor.
Escuchando: Re-wired - Kasabian
lunes, octubre 31, 2011
Arizona
El problema es que no teníamos plan B. Ni C. Supongo que,
con la ignorancia de aquellos tiempos, pensamos que duraría, que el final no
existe. Pero todo es como esas carreteras que recorren llanuras inacabables,
que superan una y otra vez el horizonte, hasta que terminan. En algún punto se
acaban. Nosotros las recorrimos todas, a la máxima velocidad que nos
permitieron nuestros corazones. Hasta que explotaron y el silencio se pudo
escuchar a lo largo de toda la llanura. Luego, plantados en mitad de aquella
extensión árida. Perplejos. Sólo bolas de espino y arena. No había ningún plan. Ni conocíamos las instrucciones. Así que
esperamos a que nuestros pies echaran raíces. Y ahí nos quedamos, en nuestro
metro cuadrado de arena. Sin mirarnos. Aislados el uno del otro. Ciegos. Sordos. Mudos. Sin rencor.
Escuchando: Your hand in mine - Explosions in the sky
viernes, octubre 28, 2011
Querer no es poder
Caminas despacio, con esa forma tan tuya de hacerlo, como si
levitases. Yo te observo desde la cama, tu figura enmarcada por las cortinas.
Fuera los copos de nieve caen como si fueran hojas en otoño. Me esfuerzo por
recordar cuál fue la primera vez que te vi, pero no consigo que la imagen acuda
a mi memoria. No eres una más y lo sé, pero uno no cambia de la noche a la mañana;
a veces, no lo hace nunca. El humo de tu cigarro asciende hasta dibujar en el
techo algo que yo distingo como un dragón. Tu tatuaje partido en dos por el
tirante de la camiseta. Quisiera colocarme en el centro de la balanza, recordar
tu nombre, tener claro esta vez si tú también vas a salir por esa puerta o no. Pero
querer no es poder. Querer es otro trago más de ginebra. Querer es otro viaje
más a ninguna parte.
Escuchando: I'm Jim Morrison, I'm dead - Mogwai
Escuchando: I'm Jim Morrison, I'm dead - Mogwai
lunes, octubre 03, 2011
Pérdida
Todas las tardes suena la misma canción en el viejo tocadiscos que se muere día a día sobre la polvorienta estantería. Se me escapan las horas entre los dedos. Intentando detenerlas. Incapaz de disfrutarlas. Este olor; esta sensación. El miedo. Por primera vez. Tan real que duele. Todas las tardes. Por primera vez la pérdida, presente como la mayor enfermedad del adulto. El miedo a sufrir pérdida. Todas aquellas tardes. Duele. Rechazo al transcurrir. Pasito a pasito cada día hacia el sentimiento de desamparo. El otoño existe y esta luz cegadora desaparecerá entonces. Es extraño pensar que todo aquello ha quedado atrás. Ahora, tan lejano. Es tan breve ese tiempo, la luz que se nos permite. El instante apenas disfrutado. Imposible de atesorar. Imposible.
Escuchando: The cross that stole this heart away - Micah P. Hinson
Escuchando: The cross that stole this heart away - Micah P. Hinson
miércoles, agosto 31, 2011
Sin futuro
-¿Recuerdas lo que me costó aceptar?-dices, aún de espaldas, mirando a través del cristal los edificios recortados sobre un atardecer rojo, como en llamas. Lo dices dejando arrastrar las palabras, como si en realidad te pesaran mientras las dejas caer. Aquellos días ya conocíamos las consecuencias pero ahora ya las estamos viendo. Todo este tiempo ha sido un correr con la conciencia clara de que nos atraparían. Nunca miramos hacia atrás, como si al no hacerlo buscáramos ese resquicio, una suerte de milagro que desviara el guión escrito de antemano. Pero tú y yo sabíamos que no quedaba esperanza y pese a todo continuamos. Firmes, decididos, retando a un futuro que no era nuestro. Ahora tu espalda al aire me recuerda que mañana ya no saldrá el sol para nosotros. Siento ganas de comenzar a correr, de cerrar los ojos y alejarme todo lo que pueda. No parar hasta que no quede más horizonte. Pero sé que me pararía y buscaría tu mano, ausente ya entonces, y comprendería lo que ya debo asumir. Que el presente ya no se escribe con nuestros nombres y que el futuro no los tiene en sus listas. La diferencia, pienso mientras me dirijo a la puerta, es que en su momento a mí no me costó tanto aceptar.
Escuchando: Find them empty - Woods
Escuchando: Find them empty - Woods
jueves, julio 14, 2011
Ellos
Alguna vez los has visto, estoy seguro. Vestidos con sus túnicas negras, sin apenas tocar el suelo. Están siempre, acechando, de noche. Y aquí hace tanto frío. Baldosas heladas. Sentado tras las cortinas. Esperándolos. Esperándote. Tanto tiempo entre estas cuatro paredes. Ellos están fuera. Lo sé. Lo saben. Siempre pasos en las escaleras. Apenas un repiqueteo de talones de metal. Escuchan. Espían. ¿Dónde estarás? Quizás también contando los destellos de una farola contra el cristal. Así se escurre el tiempo. Las noches. Tan solo. Tan solos. Finalmente caeremos. Lo conseguirán. Todo será un recuerdo atado a aquel lugar: árboles perlados de nieve contra un azul espectral. Que ellos no te vean.
Escuchando: Ready to start - Arcade Fire
Escuchando: Ready to start - Arcade Fire
miércoles, julio 06, 2011
Olvídate
No es la primera vez que intento llorar sin conseguirlo. Apenas puedo recordar la sensación. Ahora todo esto es desconocido y sólo los más fuertes salimos adelante. Edificios grises, sin ventanas. Calles abandonadas, agujereadas. Yo siempre te quise tener y en realidad nunca te tuve. Por ese sueño pegué, robé, corrí más rápido que nadie. Tu cara tatuada en mi memoria. Pero eso ahora es tiempo que se desliza por el sumidero. Una vez tecleado sólo hay que esperar a que haga su afecto. Ahora ya no me hace falta correr, a mi paso sólo hay sombras y miradas escondidas tras los tablones. Una vez me escribiste que la vida nunca nos da lo que de verdad queremos. Poco después llegó el humo y las palabras dejaron de importar. Los recuerdos van a desaparecer del todo de un momento a otro y yo ya no voy a poder agarrarme a ellos aunque quiera. Entonces, todo lo que fuiste no será más que parte de ese polvo en suspensión que lo inunda todo. Y no puedo negar que me alegra.
Escuchando: Staircase - Radiohead
Escuchando: Staircase - Radiohead
miércoles, mayo 25, 2011
Fuego
Fuera está empezando a llover fuego, puede que sea la última vez que nos veamos, le digo. Ella se acurruca contra mi pecho y acompasa su respiración a la mía. Eso no va a pasar, contesta. En esa habitación tan fría pienso en las veces que creí que nunca volvería a ocurrir. Y no logro recordarlas todas, aunque fueron muchas, de eso estoy seguro. Entonces se levanta, desnuda, y se acerca a la ventana. Tras los cristales, fulgores rojos contra un inmenso paisaje metálico. Su figura, ante tal contraluz, se parece a la viñeta de un comic. Sabes que todo tiene su final, digo mientras concentro la mirada en su espalda intentando que se gire y me mire a los ojos. Pero no, continúa rígida con la vista clavada en los destellos flamígeros que llenan la habitación de extraños reflejos móviles.
Mientras rodeo su cintura con mis brazos intento pensar en cómo será la sensación, cuál es el sentimiento que le asalta en ese momento. Siempre ha sido igual. Vacío. Insensibilidad. Tarda poco en desprenderse de mi abrazo y esconderse en el cuarto de baño. Frente a mí, las moles de acero rodeadas de oscuridad y fogonazos que pintan de rojo la noche iluminada. Todo arde sin quemarse. Hace tiempo que perdí la esperanza y me admití como soy. Pocos son los que recuerdan cómo era todo antes y desde que me lo contaron avanzar ha sido difícil, carcomido por la culpa y el sinsentido. Desde el baño llegan sus palabras, lentas, con una cadencia que me es familiar. Siempre va a ser imposible, ¿verdad? Sé la respuesta, la he sabido siempre, desde el principio. Invariable, inflexible.
Al cerrar la puerta quiero la sensación de oportunidad perdida. Pero eso no está hecho para mí. Ser despreciable y esquivo. Ya en el portal, las calles llenas de árboles en llamas. Soy el agua que todo el mundo quiere. No soy de nadie.
Escuchando: If you wanna - The Vaccines
Mientras rodeo su cintura con mis brazos intento pensar en cómo será la sensación, cuál es el sentimiento que le asalta en ese momento. Siempre ha sido igual. Vacío. Insensibilidad. Tarda poco en desprenderse de mi abrazo y esconderse en el cuarto de baño. Frente a mí, las moles de acero rodeadas de oscuridad y fogonazos que pintan de rojo la noche iluminada. Todo arde sin quemarse. Hace tiempo que perdí la esperanza y me admití como soy. Pocos son los que recuerdan cómo era todo antes y desde que me lo contaron avanzar ha sido difícil, carcomido por la culpa y el sinsentido. Desde el baño llegan sus palabras, lentas, con una cadencia que me es familiar. Siempre va a ser imposible, ¿verdad? Sé la respuesta, la he sabido siempre, desde el principio. Invariable, inflexible.
Al cerrar la puerta quiero la sensación de oportunidad perdida. Pero eso no está hecho para mí. Ser despreciable y esquivo. Ya en el portal, las calles llenas de árboles en llamas. Soy el agua que todo el mundo quiere. No soy de nadie.
Escuchando: If you wanna - The Vaccines
martes, mayo 10, 2011
Volver atrás
La conocí cuando el desgaste aún no había hecho mella. Cuando aún sonreía sin razón y ponía esa mueca de ingenuidad ante cada problema, como queriendo decir. Aquella chica se quedó allí, en aquella gran ciudad, en sus plazas y en sus bares, mirando fijamente, siempre a los ojos, generosa y divertida. Se perdió en la inmensidad de sus calles. Y ya no queda ni la sombra. Tratas de evitarlo, te esfuerzas. Se te nota. Pero aquello que solías dar ya no está. Quizás te lo robaron; quizás se te agotó después de tanto regalarlo. Y hubo personas que no lo merecieron, que se aprovecharon.
“Si pudiera volver atrás, haría exactamente lo mismo”, me confiesa, sentados en el bar de la plaza.
“Quizás te fiaste demasiado. Le diste mucha confianza a quien no la merecía. Y te defraudaron. Yo creo que aquello te fue minando poco a poco. La decepción”, le contesto yo.
“Es cierto que el dolor te hace protegerte y que esa protección te va distanciando cada vez más. Pero, en el fondo, no se trata de eso. Es cuestión de principios y de cansancio. Me cansé, pero en realidad nunca he cambiado”.
“Yo siempre he recordado con cariño aquellos años en la ciudad. Tú tirabas de nosotros todos los días. En cierto modo eras el nexo que nos conseguía mantener unidos. Hasta que se rompió”.
Ella sonríe con tristeza, como si esas palabras dejaran libre un recuerdo que quería volver a tener pero que, una vez fuera, no tiene marcha atrás.
“Se rompió…”
“¿Qué cambió aquel último verano? ¿Por qué todo dejó de ser como había sido hasta entonces? Yo nunca he podido olvidar aquella sensación de pérdida".
Tus ojos entonces se clavan en los míos. Profundos como dos pozos. Y, por un momento, vuelvo muchos años atrás, a aquellas calles, al apartamento del tercer piso siempre lleno de gente. A aquel verano. Y deseo con todas mis fuerzas estar allí de nuevo. Sentir otra vez todo aquello.
Tu mirada se va ahora hacia la izquierda y se posa en un niño sentado en el suelo que juega con sus muñecos, ajeno a todo el movimiento que hay a su alrededor. El pelo negro, una camiseta de rayas.
“¿Sabes? Lo pasado, pasado está”.
Escuchando: Fly for a while - Sexy Sadie
“Si pudiera volver atrás, haría exactamente lo mismo”, me confiesa, sentados en el bar de la plaza.
“Quizás te fiaste demasiado. Le diste mucha confianza a quien no la merecía. Y te defraudaron. Yo creo que aquello te fue minando poco a poco. La decepción”, le contesto yo.
“Es cierto que el dolor te hace protegerte y que esa protección te va distanciando cada vez más. Pero, en el fondo, no se trata de eso. Es cuestión de principios y de cansancio. Me cansé, pero en realidad nunca he cambiado”.
“Yo siempre he recordado con cariño aquellos años en la ciudad. Tú tirabas de nosotros todos los días. En cierto modo eras el nexo que nos conseguía mantener unidos. Hasta que se rompió”.
Ella sonríe con tristeza, como si esas palabras dejaran libre un recuerdo que quería volver a tener pero que, una vez fuera, no tiene marcha atrás.
“Se rompió…”
“¿Qué cambió aquel último verano? ¿Por qué todo dejó de ser como había sido hasta entonces? Yo nunca he podido olvidar aquella sensación de pérdida".
Tus ojos entonces se clavan en los míos. Profundos como dos pozos. Y, por un momento, vuelvo muchos años atrás, a aquellas calles, al apartamento del tercer piso siempre lleno de gente. A aquel verano. Y deseo con todas mis fuerzas estar allí de nuevo. Sentir otra vez todo aquello.
Tu mirada se va ahora hacia la izquierda y se posa en un niño sentado en el suelo que juega con sus muñecos, ajeno a todo el movimiento que hay a su alrededor. El pelo negro, una camiseta de rayas.
“¿Sabes? Lo pasado, pasado está”.
Escuchando: Fly for a while - Sexy Sadie
miércoles, abril 13, 2011
Vukovar
Los amaneceres en Vukovar son limpios, transparentes. Parece imposible que aquí, no hace mucho tiempo, la maldad hubiera encontrado su sitio. Tú aún no eras mi sueño cuando yo escuchaba ese nombre en la televisión, siempre acompañado de la palabra guerra. Frente a mí están los agujeros en las fachadas a modo de negro recuerdo. Tú juegas a meter los dedos en todos los que encuentras y finges oír voces atormentadas a través de esa conexión. La voz de Jelena sí es real cuando nos cuenta como un soldado del ejército serbio violó ante sus ojos a sus dos hijas antes de cortarles el cuello. A ella la dejó viva, para que el resto de su vida pudiera recordar aquello. Su voz es firme, su semblante sereno, en paz. El silencio cae pesado en mi interior.
La barbarie aún retumba en las esquinas más recónditas de la ciudad. Tú y yo la escuchamos. Es claramente reconocible para los forasteros, no para la gente de aquí, que ha cerrado sus heridas lo más rápido posible pensando que han pasado por el infierno y han podido sobrevivir. El dolor ya no les preocupa, sólo el recuerdo de aquellos que perdieron, pese a que cada edificio, cada calle, cada trozo de cielo guarda la memoria de lo atroz. Las nuevas generaciones revitalizan poco a poco el espacio. Jelena dice ver cada noche las almas vagando por su barrio, buscando consuelo. Las mismas almas que aquellas frías noches de noviembre sembraron de rojo las calles y caminos. Jelena nos despide con un gesto amargo y una frase: sólo nos tenemos a nosotros mismos. Vukovar apaga los últimos rayos de sol de otro día más.
Escuchando: Beatles and Stones - Beady Eye
La barbarie aún retumba en las esquinas más recónditas de la ciudad. Tú y yo la escuchamos. Es claramente reconocible para los forasteros, no para la gente de aquí, que ha cerrado sus heridas lo más rápido posible pensando que han pasado por el infierno y han podido sobrevivir. El dolor ya no les preocupa, sólo el recuerdo de aquellos que perdieron, pese a que cada edificio, cada calle, cada trozo de cielo guarda la memoria de lo atroz. Las nuevas generaciones revitalizan poco a poco el espacio. Jelena dice ver cada noche las almas vagando por su barrio, buscando consuelo. Las mismas almas que aquellas frías noches de noviembre sembraron de rojo las calles y caminos. Jelena nos despide con un gesto amargo y una frase: sólo nos tenemos a nosotros mismos. Vukovar apaga los últimos rayos de sol de otro día más.
Escuchando: Beatles and Stones - Beady Eye
viernes, abril 01, 2011
Ernest
Después de certificar su tercer descubrimiento vital en los últimos cuatro meses, Ernest apaga la pequeña bombilla que ilumina su minúsculo laboratorio y cierra la puerta. Dentro quedan las probetas, los tubos de ensayo, el mechero Bunsen, las pinzas, la balanza… sumidos en el silencio más total. Qué curiosa metáfora, piensa Ernest mientras se sienta en la cafetería que está a la entrada del edificio. Saca un folio en blanco y se dispone a escribir otra carta a su amada Lorena:
Una vez más, y ya no sé cuántas veces he tenido esta sensación, me doy cuenta de lo inútil de mi trabajo. Quiero decir, sé que mis descubrimientos –y en especial el de hoy, del que ya te hablaré en otro momento- ayudarán a salvar vidas y, quizás, hagan evolucionar otras teorías que consigan salvar más vidas aún. Pero hace tiempo que eso no me llega. Reconozco ahora el error de mi elección. Por mi propia naturaleza y por las circunstancias que nos rodean. No es tiempo para humanistas ni para altruismos; ni yo, si te soy sincero, aprecié nunca estos valores. Me convencí a mí mismo –o me convencieron- en su momento de que debía aprovechar mis conocimientos para ayudar a los demás. Y tú dirás que fue una buena razón para elegir el camino que tomé. Pero te equivocas, no me convencieron en realidad aquellos razonamientos sino más bien la idea de que salvar vidas me haría un hombre reconocido, alabado, famoso. Me vi a mí mismo en lujosas cenas, en las portadas de las revistas más prestigiosas, ocupando minutos y minutos en los medios de comunicación. Qué terrible fue mi error.
Entenderás una vez más la profundidad de mi frustración. Soy presa de la contradicción más dolorosa: cuánto trabajo valioso, definitivo para la humanidad, y qué poco reconocimiento, qué poca fama. Ese preciado tesoro les es otorgado a los disolutos, a los despreocupados. Y lo más duro, mi querida Lorena, es que mi verdadera alma, mi auténtica vocación, pertenece a este grupo.
La ciencia, el trabajo sin descanso por los demás, son y han sido mi cárcel. Ahora lo veo claro. Ahora tengo la certeza de que nunca alcanzaré mis sueños metido en este triste laboratorio. La vida es ensayo y error, es cierto. Y yo ya tengo mi teoría definitiva.
Por aquí sigue haciendo el mismo frío de siempre. Espero que puedas venir lo antes posible. Deseo caminar de nuevo contigo por las heladas calles del centro y cenar en ese restaurante con vistas al río.
Junto a esta carta, te mando un recorte de una entrevista que me hicieron para el periódico de los alumnos de segundo curso del instituto del hijo de Erik, mi compañero.
Un abrazo y un beso enorme.
Tuyo siempre
Ernest.
Escuchando: Codex - Radiohead
Una vez más, y ya no sé cuántas veces he tenido esta sensación, me doy cuenta de lo inútil de mi trabajo. Quiero decir, sé que mis descubrimientos –y en especial el de hoy, del que ya te hablaré en otro momento- ayudarán a salvar vidas y, quizás, hagan evolucionar otras teorías que consigan salvar más vidas aún. Pero hace tiempo que eso no me llega. Reconozco ahora el error de mi elección. Por mi propia naturaleza y por las circunstancias que nos rodean. No es tiempo para humanistas ni para altruismos; ni yo, si te soy sincero, aprecié nunca estos valores. Me convencí a mí mismo –o me convencieron- en su momento de que debía aprovechar mis conocimientos para ayudar a los demás. Y tú dirás que fue una buena razón para elegir el camino que tomé. Pero te equivocas, no me convencieron en realidad aquellos razonamientos sino más bien la idea de que salvar vidas me haría un hombre reconocido, alabado, famoso. Me vi a mí mismo en lujosas cenas, en las portadas de las revistas más prestigiosas, ocupando minutos y minutos en los medios de comunicación. Qué terrible fue mi error.
Entenderás una vez más la profundidad de mi frustración. Soy presa de la contradicción más dolorosa: cuánto trabajo valioso, definitivo para la humanidad, y qué poco reconocimiento, qué poca fama. Ese preciado tesoro les es otorgado a los disolutos, a los despreocupados. Y lo más duro, mi querida Lorena, es que mi verdadera alma, mi auténtica vocación, pertenece a este grupo.
La ciencia, el trabajo sin descanso por los demás, son y han sido mi cárcel. Ahora lo veo claro. Ahora tengo la certeza de que nunca alcanzaré mis sueños metido en este triste laboratorio. La vida es ensayo y error, es cierto. Y yo ya tengo mi teoría definitiva.
Por aquí sigue haciendo el mismo frío de siempre. Espero que puedas venir lo antes posible. Deseo caminar de nuevo contigo por las heladas calles del centro y cenar en ese restaurante con vistas al río.
Junto a esta carta, te mando un recorte de una entrevista que me hicieron para el periódico de los alumnos de segundo curso del instituto del hijo de Erik, mi compañero.
Un abrazo y un beso enorme.
Tuyo siempre
Ernest.
Escuchando: Codex - Radiohead
jueves, marzo 17, 2011
Plataformas
Algunos días preferíamos quedarnos todo el tiempo en casa. Hacía un sol radiante fuera. Veíamos películas desconocidas una detrás de otra. Sorbíamos helado derretido tirados en el sofá. Esos días eran largos, como si las horas se estiraran y la noche tardara en llegar mucho más tiempo de lo normal. Entre película y película, tú me contabas cosas acerca de plataformas petrolíferas como islas perdidas. Habías leído que por dentro eran como una ciudad, que tenían vida propia. Ciudades flotando en mitad de la nada azul. Alguna vez viviré en una de ellas, decías. A mí todo aquello me parecía muy evocador. Aún hoy me lo parece. En ocasiones, te levantabas del sofá y, sin decir nada, salías por la puerta para no volver en muchos días. Durante ese tiempo de ausencia, yo te imaginaba en una de aquellas plataformas petrolíferas. Sentada en alguno de los bordes, con los pies colgando en el vacío, el viento sacudiendo tu pelo. Debajo, un inmenso y amenazante mar verdoso chocando contra las enormes piernas oxidadas que sujetan esa ciudad perdida. Entonces casi podía ver como las gotas de salitre salpicaban y planeaban hasta humedecer tus labios.
Siempre supe imaginarte mucho mejor que tratarte.
Escuchando: Los amores reñidos - Sr. Chinarro
Siempre supe imaginarte mucho mejor que tratarte.
Escuchando: Los amores reñidos - Sr. Chinarro
viernes, marzo 11, 2011
Revelaciones
Sumido en el calor de aquella sartén llena de arena descubrí que tú no eras lo que yo había estado esperando. Las revelaciones son así de caprichosas, llegan en el momento más inoportuno, en el lugar menos adecuado. Sólo pensar en salir del coche y enfrentarme a aquel terrible desierto para cambiar un neumático me hizo marearme. Todo me daba vueltas y tú me estabas hablando de algo que ahora no consigo recordar. En ese momento odié Atacama, el maldito día en que decidí hacer ese viaje y, sobre todo, te odié a ti. Fue algo repentino, un fogonazo de auto sinceridad. Un impacto. Te odié como nunca había odiado a nadie. Allí, perdido en mitad de una carretera achicharrada por el infierno que era aquel desierto, no había dudas, todo era cristalino. Ahora diré que la culpa la tuvo aquel horrible calor, pero sé que no es verdad. Se trató, más bien, de aprovechar la oportunidad. Una revelación así no se tiene todos los días. Y, además, quién va encontrar alguna vez tu cuerpo en ese inmenso océano de arena.
Escuchando: I'm waiting for the man - Lou Reed
Escuchando: I'm waiting for the man - Lou Reed
martes, marzo 08, 2011
1999
Aún te veo corriendo por aquel descampado con suelo de cemento. Detrás del viento. Intentando capturarlo. No había nada por detrás ni por delante, sólo aquel instante. Lo puedo recordar, como si viera una escena rodada a cámara lenta, en blanco y negro. Y un primer plano tuyo, los ojos negros, mirada pícara. En ese momento no era consciente de que la vida no me iba a volver a ofrecer algo parecido. Después vino todo lo demás. Las palabras desde mi interior, en carne viva, imposibles de controlar. Y tu silencio, y tu cabeza negando. Una sola vez, pero tan definitiva que a mí me parecieron mil. Finalmente, el descampado vacío, frío. Aislado del resto del mundo. Una isla en la que permanecer.
Y hoy, tanto tiempo después, he pasado por allí. Tan cambiado. Ya no es frío, ni solitario. Entre los coches aparcados he buscado aquel espacio, el más alejado de la carretera. Ese metro cuadrado que hicimos nuestro. Y las he visto. No lo esperaba, pero ahí estaban. Dispuestas a guardar el pasado, a protegerlo. Aquellas cinco palabras que fueron talladas torpemente en el cemento fresco: Que sea cierto el jamás.
Escuchando: Parte de lo que me debes - Los Planetas
Y hoy, tanto tiempo después, he pasado por allí. Tan cambiado. Ya no es frío, ni solitario. Entre los coches aparcados he buscado aquel espacio, el más alejado de la carretera. Ese metro cuadrado que hicimos nuestro. Y las he visto. No lo esperaba, pero ahí estaban. Dispuestas a guardar el pasado, a protegerlo. Aquellas cinco palabras que fueron talladas torpemente en el cemento fresco: Que sea cierto el jamás.
Escuchando: Parte de lo que me debes - Los Planetas
viernes, marzo 04, 2011
Hilo
Hubo un momento en que hubiera matado por una oportunidad para lograr subirse a un tren. Un tiempo en el que esperó tranquilo, confiado, sin perder la esperanza en cada una de las estaciones que fue encontrando. Con el tiempo aquellas ilusiones se fueron diluyendo por la falta de sitio y fue quedando un poso de urgencia. La sensación de que la cadencia de los trenes era cada vez menor y que urgía conseguir un billete. Todo aquello le creaba un vacío en el estómago que se iba haciendo más y más grande. Pero logró mantener un hilo de paciencia, ése que le atara al último tren, sentado en bancos metálicos contemplando las frías vías. Ese hilo se fue desgastando poco a poco, debilitándose, en cada estación desierta, en cada horario sin cumplir. Ya no existían las oportunidades. Hasta que sólo hubo raíles oxidados por los que caminar.
Escuchando: 1999 - Love of lesbian
Escuchando: 1999 - Love of lesbian
martes, febrero 22, 2011
Aliento
Ya no hay nada en esa casa a lo que tener cariño. Cosas inertes, vacías de significado. Alejadas ya de lo que fueron en otro tiempo y de lo que significaron. Curioso experimentar la sensación de estar en un lugar conocido y desconocido a la vez. Sensación de que ahora toca reinventarlo todo o dejarse vencer. Ya ni siquiera la luz se refleja igual sobre las cortinas blancas; definitivamente la luz es otra. Y hay partes que ya no pisa, clausuradas por la ausencia, frías e inhóspitas, pobladas por sombras cuyos latidos se escuchan de madrugada, cuando ya nada está en calma. La persiana rota, descolgada de lado, apenas deja entrar leves brillos exteriores a través de sus agujereados listones. Vacío. No se le ocurre otra palabra mientras piensa en todas las vidas que habitaron allí y que ahora no son más que un frío recuerdo. Pensamientos a los que frena en seco el aliento helado que se arrastra desde el pasillo, desde lugares que ya sólo puede imaginar.
Escuchando: Glass onion - The Beatles
Escuchando: Glass onion - The Beatles
jueves, febrero 03, 2011
Espejo
Y ni yo te pedí idolatrarte ni tú me dejaste hacerlo. Ocurre cuando dos materias no mezclan, se separan poco a poco hasta que se convierten en dos mundos sin conexión, sin alma. Me plantaba frente al espejo, desnudo, e intentaba mirar como tú, con esa profundidad mareante. Pero sólo veía mediocridad e inseguridad. Muchas veces captaba la esencia y lograba armar una explicación, pero apenas duraba dos segundos en mis manos antes de estamparse contra la pared. Y volver a empezar. No es que no siguiera tus pasos, es que tú ibas subida en ese tren que atraviesa las heladas estepas y yo en un seiscientos color verde melón. Terminé por venderlo como chatarra para comprar un billete, pero entonces oí que te habían visto en El Prat. Y otra vez frente al espejo. Supuse que era cuestión de velocidad, de ritmos. Ya no lo tengo tan claro, aunque sigo yendo con el espejo a todos lados. Un metro de alto, cristal trabajado con florituras en las esquinas. No hay ni un momento que no vaya bien peinado. Pese a la velocidad.
Escuchando: Helter Skelter - The Beatles
Escuchando: Helter Skelter - The Beatles
jueves, enero 20, 2011
Y qué si no...
Siempre sentí envidia del aire que respirabas. Siempre fui inseguro. Y temí volar demasiado alto por miedo a electrocutarme. Si todo fuera cerrar los ojos, yo habría podido. Créeme. Recuerdo porque no tengo más remedio, porque es inevitable, porque no consigo que existan los vacíos. Tú eres un tiempo muerto. Y mucho antes de ver aquella película yo ya soñaba con eliminar mis recuerdos. Era mi guión. Pero, como tantas otras veces, quedó inconcluso.
Siempre hay que quedarse con algo. Te obligan. Y qué si yo no quiero guardar nada. Y qué si yo opto por soplar y que desaparezcan todos. Eso también era parte del guión. Quedarse con algo va forjando tu carácter, dicen. Otra imposición. Quién quiere carácter; para qué. Mi carácter se marchó en aquel plenilunio veraniego sin más gestos que un adiós forzado con la mano. Y qué si no quiero uno nuevo.
Te hablo porque nunca supe, ni sé, hacer otra cosa. Nunca he creído en nada salvo en aquel fondo de tus ojos. Desde entonces he dejado de mirar en todos los sentidos. A veces escribo; otras simplemente te cuento cómo fue el día. Otra rutina más. Y en ocasiones pierdo el hilo y tardo en recordar que no hay tú, ni yo, ni nada.
Y qué si no…
Escuchando: No cars go - Arcade Fire
Siempre hay que quedarse con algo. Te obligan. Y qué si yo no quiero guardar nada. Y qué si yo opto por soplar y que desaparezcan todos. Eso también era parte del guión. Quedarse con algo va forjando tu carácter, dicen. Otra imposición. Quién quiere carácter; para qué. Mi carácter se marchó en aquel plenilunio veraniego sin más gestos que un adiós forzado con la mano. Y qué si no quiero uno nuevo.
Te hablo porque nunca supe, ni sé, hacer otra cosa. Nunca he creído en nada salvo en aquel fondo de tus ojos. Desde entonces he dejado de mirar en todos los sentidos. A veces escribo; otras simplemente te cuento cómo fue el día. Otra rutina más. Y en ocasiones pierdo el hilo y tardo en recordar que no hay tú, ni yo, ni nada.
Y qué si no…
Escuchando: No cars go - Arcade Fire
lunes, enero 10, 2011
Cuentos
Que de tanto inventarte he convertido mi vida en un cuento. Que de tanto imaginar cómo sería he terminado por vivir desconectado. Es lo que tienen las idealizaciones, las historias de almuerzos a base de perdices. Te hacen perder pie. Ni habrá ese momento, ni habrá ese lugar. Cierra los ojos y aparece; ábrelos y verás que los trileros dominan el mundo. No por más soñar amanece más temprano. Así que sólo están los polvos mendigados y las tardes de contemplación. Sin más. El resto son blancanieves y bellas y bestias. Y, la verdad, estamos todos ya muy mayores para esas cosas.
Escuchando: Mr. Hat - Sexy Sadie
Escuchando: Mr. Hat - Sexy Sadie
miércoles, diciembre 15, 2010
... porque era mía
Ya no recuerdo la última vez que dejó de llover. Parece como si los días de sol pertenecieran a un pasado tan remoto que remitiera a otra época del mundo. En esta habitación hay goteras y el frío se cuela por todas las rendijas. No hay dinero para más y mañana tengo que seguir buscándote. Es como en esos dibujos para niños: yo detrás de ti y tú huyendo, siempre saliendo un segundo antes de que yo llegue. Imposible de alcanzar. Siempre lloviendo. Desde la ventana puedo ver el charco que lo abarca todo, gris, ondulante. Entre tanta agua he perdido la conciencia real del propósito de mi persecución. No sé realmente lo que haría si al salir de esta habitación te encontrara tras la primera esquina. Quizás matarte, aunque no estoy seguro de ello. Hace ya tanto tiempo. Nunca llegaste a entender que tu vida se terminó el día en que me conociste. Ese es tu problema. Tan fácil hubiera sido aceptarlo, quedarte conmigo y sentarnos todos los atardeceres en el porche a tomar limonada. Ahora, por tu culpa, por tu arrogancia, me veo obligado a esto. Y, como llevo repitiéndome desde el primer día, las cosas que se empiezan hay que terminarlas. Eso lo entiende cualquiera.
Escuchando: This is love - PJ Harvey
Escuchando: This is love - PJ Harvey
viernes, diciembre 03, 2010
Miedo
No puedo dormir porque sé que me vigilan. Cada vez que cierro los ojos veo a un hombre delante mía, con un pasamontañas, encañonándome con una enorme pistola y diciéndome que, por fin, me ha llegado la hora, que de una vez por todas voy a recibir lo que merezco. Me han asegurado muchas veces que estoy a salvo, que nadie sabe dónde me encuentro, que es imposible que den conmigo. Pero yo sé que se equivocan. Lo sé porque les conozco lo suficiente como para tener muy claro que nadie puede esconderse para siempre de ellos. Nunca hay salida.
Apenas salgo de casa. Sólo para ir a comprar al pequeño supermercado. Paso todo el día entre estas cuatro paredes, mirando por la ventana en busca de alguna señal extraña, de algún coche desconocido aparcado frente a mi puerta, de algún tipo mirando mi ventana desde las sombras. Cualquier ruido me hace temblar, subir a mi habitación y encerrarme dentro, como los niños cuando el miedo les visita. El temor me ha secuestrado.
Cuando te convencen no te explican esto. Todo son ventajas. No te cuentan que no sólo te roban tu identidad, sino que también se quedan con tu vida. Que a partir de ese momento vas a estar siempre vigilando tu espalda, desconfiando, aislándote de todo. Estás tú solo. El resto son todos enemigos. Porque ellos están ahí, seguro. Camuflados, acechando, esperando un momento de debilidad para vengarse. Y no se rendirán hasta que lo hagan. Es su credo, y nunca lo traicionan.
Ya sólo espero el momento en el que al abrir los ojos alguien me vuele la vida.
Escuchando: Bring the light - Beady Eye
Apenas salgo de casa. Sólo para ir a comprar al pequeño supermercado. Paso todo el día entre estas cuatro paredes, mirando por la ventana en busca de alguna señal extraña, de algún coche desconocido aparcado frente a mi puerta, de algún tipo mirando mi ventana desde las sombras. Cualquier ruido me hace temblar, subir a mi habitación y encerrarme dentro, como los niños cuando el miedo les visita. El temor me ha secuestrado.
Cuando te convencen no te explican esto. Todo son ventajas. No te cuentan que no sólo te roban tu identidad, sino que también se quedan con tu vida. Que a partir de ese momento vas a estar siempre vigilando tu espalda, desconfiando, aislándote de todo. Estás tú solo. El resto son todos enemigos. Porque ellos están ahí, seguro. Camuflados, acechando, esperando un momento de debilidad para vengarse. Y no se rendirán hasta que lo hagan. Es su credo, y nunca lo traicionan.
Ya sólo espero el momento en el que al abrir los ojos alguien me vuele la vida.
Escuchando: Bring the light - Beady Eye
miércoles, noviembre 17, 2010
Fascinación
Lo escribió con pintalabios en el espejo del baño. Fue un acontecimiento. Recuerdo que todas quisimos en ese momento haber tenido el coraje de escribir algo parecido. Lo supimos un poco antes, pero nadie fue capaz de evitarlo. Hubo carreras, gritos, pero nada se pudo hacer. Cuando el sol comenzaba a pintar de naranja las ventanas, su cuerpo apareció balanceándose en el vacío. Le encontré yo. En aquel pequeño cuarto junto al aula de dibujo. Fue casualidad. No me enorgullezco, pero la escena ejerció en mí una fascinación que aún no he olvidado. Aquel cuerpo, bello, joven. La cara amoratada con las hebras amarillas de pelo suspendidas en el aire. La falda de cuadros del uniforme. La cuerda, implacable, rodeando el fino cuello. No sé cuánto tiempo estuve allí, apoyada en el quicio, sin poder apartar la mirada, hasta que llegó alguien. A día de hoy no he olvidado ni un solo detalle, mantengo viva la sugestión que me produjo aquella escena, y aún no he podido traducir en palabras esa perturbadora sensación.
Escuchando: Pull out - The Soft Pack
Escuchando: Pull out - The Soft Pack
lunes, noviembre 15, 2010
Vías
En las vías del tren no conocíamos nada. Era tan simple como eso. Llegar después del colegio y no regresar hasta que los vagones abandonados comenzaban a darnos miedo. Comenzar a ser libre. Piedras y hierros oxidados. El aire vertiginoso de los trenes nos hacía sentir los más fuertes del mundo. Fue por eso por lo que ocurrió, por esa confianza en la ausencia de límites. Los pies en equilibrio sobre un hierro tan pulido que puedo ver mis ojos sobre él. Gritos y palabras de autoafirmación. Excitación. Entonces un chirrido como mil uñas rascando un encerado. Un golpe contra las piedras y después un silencio pesado. Dos losas bloqueando los oídos. Todo quieto, como congelado. Andar entre los guijarros buscando dos y sólo encontrar uno. El adiós a una parte irrepetible de tu vida.
Escuchando: Disarm - Smashing Pumpkins
Escuchando: Disarm - Smashing Pumpkins
viernes, noviembre 12, 2010
Noches
Empecé a andar por las noches. Sin rumbo, sin esperanza. Aquellas calles heladas, desiertas, llenas de ausencia. Iba mirando las ventanas, descubriendo las pocas que tenían luz y pensando en las vidas de su interior. Desvelados, insomnes, noctámbulos. A veces, cuando me encontraba con una en los pisos bajos, me camuflaba entre las sombras esperando ver una silueta, una forma, un secreto. Y entonces imaginaba la historia interior de todas esas ventanas. Incomunicación, rencor, infidelidad. Esa soledad me llenaba de vida. Al tiempo comencé a diferenciar los silencios, los aromas, las corrientes, de los distintos barrios. No sonaba igual el silencio en los viejos muros de hormigón que en los apartamentos de techos altos. Ninguna historia es igual entre las sombras. La luz artificial enciende las fealdades de todo. Y en ese escenario me movía yo. Noche tras noche. Frío tras frío.
Escuchando: In the water - Sexy Sadie
Escuchando: In the water - Sexy Sadie
miércoles, octubre 27, 2010
Sensaciones
En la cafetería no hay más de diez personas. Todas tomando su café con la cabeza gacha, como no queriendo mirar la vida. Al otro lado de los enormes cristales la carretera vacía, aún húmeda por la tormenta que acaba de barrer la zona. Tú fumas distraídamente, mirando los charcos de afuera. Llevas la vieja camiseta de Radiohead, el hombro al aire. Nos mueven las sensaciones, son ellas las responsables en todo momento. Y yo tengo ahora la sensación de que esa camiseta, de que ese flequillo negro, ya no me pertenecen. Las sensaciones mandan. Ni siquiera estás pensando en algo, estoy seguro. Simplemente fumas un cigarrillo tras otro. Ahora te miras las uñas, de un azul desvaído. El silencio lo envuelve todo, es pesado, viscoso. Debería hablar, pero una vez más las sensaciones no me dejan. Y oigo la arena goteando hacia la parte de abajo, marcando la cercanía del final que yo nunca quise pero que ya sé irremediable. Y ahora intento hablar, pero sólo muevo los labios, lentamente, como si pesaran. Entonces tú te levantas, te estiras la minifalda ocultando las bragas rojas y me das un beso en la frente. Tengo la sensación de que será el último.
Escuchando: Desaparecer - Los Planetas
Escuchando: Desaparecer - Los Planetas
jueves, octubre 14, 2010
Luces
Ya no somos las mimas personas. Ya no hay espejos rotos en el baño de las chicas ni vinilos de Nirvana girando una y otra vez. Veíamos la ciudad desde la colina con todas las lucecitas brillando y brillando. Yo no cogí su mano cuando me la ofreció, la tenía ocupada con una de esas latas de cerveza que trajo del extranjero aquel chico extraño. Y tú decías cada noche que nunca habría un grupo tan bueno como Sonic Youth mientras te subías al capó de los coches. Boca abajo sobre el césped húmedo llegamos a imaginar que algún día estaríamos en otro césped, bajo otras luces. Preferiblemente rojas. No, papá, es que me ha sentado mal la pizza. La última noche cogimos el coche de tu hermano y fuimos otra vez hasta la colina, sólo que esta vez no pudimos ver las luces brillantes, ni siquiera el césped. Sin duda, ya nunca seremos las mismas personas.
Escuchando: Calm like you - The last shadow puppets
Escuchando: Calm like you - The last shadow puppets
viernes, octubre 08, 2010
Buitres
Paramos frente a la vieja central eléctrica, una isla al comienzo de una gran llanura desértica. Los cables cuelgan inertes de las ennegrecidas torres. M hace fotos mientras yo me siento en el suelo a ver a los buitres hacer círculos en el cielo. Después subimos al coche y, antes de continuar, discutimos sobre algo sin importancia. M se baja y comienza a andar rodeado de nubes de arena. Yo me quedo en el coche, pongo una casete de Smashing Pumpkins y me lío un cigarro. Al rato miro por la ventanilla y veo a M como un minúsculo punto negro en el horizonte. Arranco y pongo rumbo al pueblo. Echo un último vistazo y el punto negro ha desaparecido. Mientras acelero deseo que esta vez sea la definitiva, e imagino que al día siguiente el periódico trae una foto de portada en la que los buitres picotean el cuerpo inerte de M en medio de ninguna parte.
Escuchando: Do you know what I mean? - Oasis
Escuchando: Do you know what I mean? - Oasis
jueves, octubre 07, 2010
Gominolas
Estaba el whisky con cocacola y también las gominolas de colores. Era cuestión de elegir. No se podía mezclar. Tú casi siempre escogías las gominolas, y aquello me fastidiaba horrores. Tu hermano me dijo una vez que tú nunca crecerías, que siempre serías una niña con coletas. Por la noche nos sentábamos en el banco del parque a ver pasar los coches hacia el descampado. Yo siempre supe que nunca iría allí contigo. Y lo asumí, sin más. Todos se burlaban, pasaban por delante de nosotros señalándome y riéndose. Pero yo lo asumí, yo estaba contigo. Toda la noche comiendo gominolas. No lo soportaba. Pero era mi apuesta. Yo estaba contigo.
Escuchando: Summer well - Interpol
Escuchando: Summer well - Interpol
miércoles, octubre 06, 2010
Septiembre
Septiembre dice adiós con las manos cerradas. Atrás queda el olor a coco de esa crema tuya y los pies manchados de arena. En realidad, yo pensé que estaría solo. Pero apareciste allí con tu toalla de rayas y la cabeza erguida. Yo hubiera preferido escuchar Stella was a diver and she was always down en mis cascos mientras veía a los niños chapotear en la orilla. Sin embargo, cuando giré la cabeza ya estabas allí, mirándome con esa mezcla de condescendencia y ternura tan habitual en ti. Y yo hubiera querido salir corriendo, coger el coche y escapar a una playa desierta. Yo, el mp3, mi libro y la cámara de fotos. Me falta valor, me lo decía siempre mi madre. Vuelta y vuelta sobre la toalla. Mezcla de sal y reproches. Y nuevamente esa mirada. El estómago del revés, maldiciendo ser un jodido cobarde. Horas, días, de pérdida de identidad. Septiembre se ha llevado mi yo. Septiembre me ha hecho morir por primera vez.
Escuchando: If you tolerate this... - Manic Street Preachers
Escuchando: If you tolerate this... - Manic Street Preachers
lunes, octubre 04, 2010
Desierto
Todos hablaban del desierto. Del desierto y de chicas. Estaba aquella rubia que tanto me gustaba y a la que no me atrevía a decir nada. La miraba, eso sí, pero nada más. Debió pensar que era idiota. Hace poco supe que está casada, tiene dos hijos y vive en el desierto, en una caravana de esas. Es curioso cómo funciona todo. Yo seguí mirando y mirando. Una vez lo conseguimos, fuimos al desierto. Sol, arena y cerveza. Una hora después estábamos de vuelta, quemados, mareados. Ya no volvimos a hablar del desierto. Aún hoy nos queda arena en las zapatillas.
Escuchando: Money - Pink Floyd
Escuchando: Money - Pink Floyd
viernes, octubre 01, 2010
Yoko
Odiábamos a Yoko Ono y nos poníamos gafas redondas. Fantaseábamos con alquilar un apartamento en el Dakota y emborracharnos todos los días entonando canciones. Todo era polvo y luces brillantes en la ciudad. Fue por aquella época cuando tu madre comenzó a mendigar por las calles. Nunca supimos que hacía con el dinero. Vivía en una casa de cien metros cuadrados, tenía tres coches…, pero nosotros le dábamos unas monedas todas las tardes. Sonaba A day in the life en los altavoces del salón cuando se escuchó el disparo. La vecindad se convirtió en un hormiguero. En un instante el jardín se llenó de gente observando las monedas salpicadas de sangre.
Escuchando: Zero - The Smashing Pumpkins
Escuchando: Zero - The Smashing Pumpkins
jueves, septiembre 30, 2010
Bordillo
Venías a casa por las tardes y te quedabas en la acera de enfrente, sentado en el bordillo. Jugueteabas con los pies, la cabeza gacha, y de vez en cuando levantabas la mirada hacia mi ventana. Yo, detrás de la cortina, fantaseaba con que eras ese chico de tercero, rubio, alto, tan guapo. Cuando volvía a asomarme y el sol comenzaba a marcharse, te ponías de pie y tonteabas con las piedras, cada vez más cerca de nuestra verja. Pero tú eras moreno, y siempre estabas solo, en el recreo, al salir de clase. Con la oscuridad engullendo las calles, volvías a bajar la cabeza y arrastrabas tus pies hacia la calle principal, hacia tu casa, sin levantar la mirada. Y yo volvía a pensar que era una lástima que no fueras popular y que llevarás siempre aquellos jerseys de lana en lugar de una cazadora de cuero y unas deportivas, así que siempre desparecías rápido de mi mente. Una tarde el bordillo se quedó desierto, y a mí me dio la impresión que toda la calle se había vaciado, que sólo existían mi ventana y el bordillo, nada más. Desde aquella tarde de verano, esta historia ha definido mi vida.
Escuchando: Paint it black - The Rolling Stones
Escuchando: Paint it black - The Rolling Stones
martes, septiembre 28, 2010
Virtualidad
Enciende el ordenador y ahí está. Un correo electrónico con el destinatario esperado; el asunto, el de siempre. Todo el día fantaseando sobre qué contendrá hoy, qué palabras llenarán ese blanco. Comienza a leerlo con ansia, como si fuera el último mensaje que vaya a leer en su vida. No defrauda. Esta vez tampoco. Reflexiona entonces sobre lo fantástico de tener algo en casa que te espera, de que todos los días existan esas palabras en tu buzón, aunque sea virtual, aguardando para ser leídas. Letras que impulsan los pedales que mueven el día a día. Mientras da vueltas a cuál va a ser su respuesta, como va a superar la del día anterior, no puede evitar pensar que aquello es temporal, que más tarde o más temprano alguno de los dos perderá el interés, se decantará por lo material, por lo tangible. Así que decide, por primera vez, darle un título a su mensaje: La virtualidad del amor.
Pulsa el botón de enviar en el mismo momento en que una idea cruza su mente como una llamarada. Intenta detener el envío, pero es demasiado tarde, el mundo virtual no sabe de arrepentimientos. Y eso es lo que se ha instalado en su estómago como representante de un mal presagio. No espera contestación, puesto que nunca la ha habido la misma noche. Nada hasta el día siguiente. Así que si en los próximos minutos hay un mensaje suyo en la bandeja de entrada sabrá que se ha equivocado, que habrá malinterpretado otra vez.
La espera se hace eterna. Cada minuto que pasa es un triunfo, un alivio. Intenta centrar su atención en otras cosas, pero su mirada acaba siempre en el dibujo con forma de buzón mientras se pregunta si de nuevo ha ido más allá, si sólo ha creído lo que quería creer. Ya ha pasado casi media hora cuando se dispone a apagar el ordenador e irse a la cama con la sensación de no haber estropeado nada, quizás de haber acertado, cuando un sonido familiar resuena en el silencio del salón. Se acerca a la pantalla y ahí está el sobre cerrado, ése que por primera vez no quiere recibir. El asunto del mensaje destroza sus esperanzas: La desconfianza hacia la virtualidad.
Escuchando: The suburbs - Arcade Fire
Pulsa el botón de enviar en el mismo momento en que una idea cruza su mente como una llamarada. Intenta detener el envío, pero es demasiado tarde, el mundo virtual no sabe de arrepentimientos. Y eso es lo que se ha instalado en su estómago como representante de un mal presagio. No espera contestación, puesto que nunca la ha habido la misma noche. Nada hasta el día siguiente. Así que si en los próximos minutos hay un mensaje suyo en la bandeja de entrada sabrá que se ha equivocado, que habrá malinterpretado otra vez.
La espera se hace eterna. Cada minuto que pasa es un triunfo, un alivio. Intenta centrar su atención en otras cosas, pero su mirada acaba siempre en el dibujo con forma de buzón mientras se pregunta si de nuevo ha ido más allá, si sólo ha creído lo que quería creer. Ya ha pasado casi media hora cuando se dispone a apagar el ordenador e irse a la cama con la sensación de no haber estropeado nada, quizás de haber acertado, cuando un sonido familiar resuena en el silencio del salón. Se acerca a la pantalla y ahí está el sobre cerrado, ése que por primera vez no quiere recibir. El asunto del mensaje destroza sus esperanzas: La desconfianza hacia la virtualidad.
Escuchando: The suburbs - Arcade Fire
lunes, septiembre 20, 2010
Objetivos del Milenio
Reunirse está muy bien. Y si es en Nueva York, rodeado de rascacielos y Starbucks, mucho mejor. Alojarse en un hotel de lujo, que te venga a buscar una limusina y te lleve por las épicas calles de la Gran Manzana al lugar de la reunión, no tiene precio. Y si allí te esperan cientos de cámaras y micrófonos que te hacen sentir un tío importante es ya el acabose. En realidad, el tema que se vaya a tratar en la reunión es lo de menos. Lo importante es volver a juntarse con los compañeros, con ese sentimiento de ver otra vez a los amigos tras el verano, charlar amistosamente con ellos, preguntarles que tal la mujer y ese hijo que estudia en el extranjero, reírse alegremente y palmotearse los hombros como jovenzuelos. Cuanto más rimbombante sea el lema de la parodia mejor que mejor, ya que así siempre se tiene la excusa de estar colaborando para mejorar el mundo. Así que si el título es Objetivos del Milenio, está totalmente justificado el desembolso económico que conlleva tanto coche oficial, hoteles de lujo, comidas y cenas con los alimentos más sofisticados… No en vano, están discutiendo entre ellos para salvarnos a todos nosotros, para reducir el hambre en el mundo, para que todos los niños tengan derecho a serlo, para disminuir la contaminación… Todo esto para 2015. Así que, agradecidos por su altruismo, por su firmeza para lograr una hazaña de tal calibre en sólo cinco años, es mejor que ignoremos y después olvidemos que durante los tres días que el grupo internacional de coleguitas está de excursión en Nueva York morirán 70.000 niños, la mayoría de ellos víctimas de la hambruna y de enfermedades prevenibles. Algunos dirán que es demagogia, pero no, no nos confundamos, la verdadera demagogia viste traje de dos mil euros, se aloja en hoteles de lujo y viaja por todo el mundo con sus amiguetes a nuestra costa. Quizás habría que plantearse otros objetivos para este milenio…
Escuchando: Death bells - Soulsavers
Escuchando: Death bells - Soulsavers
martes, septiembre 07, 2010
Tormenta
Me costó tanto decir aquellas palabras, que ahora me encuentro vacío, hueco. Sentado detrás de la cristalera, viendo como las gotas se estampan y comienzan su último descenso, no puedo formar una simple imagen en mi cerebro. De nuevo un lugar extraño, frío, sin ningún asidero. Días de extravío y pérdida ante mis ojos. Conforme el agua va arreciando, la visión a través del cristal se vuelve como una suerte de lienzo surrealista. Azules, grises, blancos, retorcidos, difuminados, rotos. Una cruel copia de mi realidad. A mi alrededor, protegido por los gruesos cristales, sólo se escucha el motor del mueble bar, un zumbido que tiene algo de animal agazapado. Como yo, oculto entre las sombras esperando que cese de nuevo el temporal, preparándome para comenzar otra vez el mismo ciclo, ese bucle que me atrapa desde el principio, desde la primera tormenta. Armándome de valor para volver a reunir las palabras.
Escuchando: Don't go down - Elliott Smith
Escuchando: Don't go down - Elliott Smith
martes, agosto 31, 2010
Berlín
Cuando la realidad se enfrenta con la imagen que uno se ha hecho de ella, la primera suele imponerse de un modo incontestable, a veces desconcertante. Uno se imagina todo lo que han vivido esas calles, la cantidad de recuerdos y horrores que se esconden en cada portal, en cada muro agujereado. Y siente que cuando pise esos adoquines, el corazón se le estremecerá, vivirá una experiencia demoledora, irreversible. Así que en el momento en el que te encuentras allí, de pie, contemplando todas esas señales que recuerdan el horror, y ves que nada ocurre, que es otra calle más, que los muros son muros y los portales son portales, como cualquiera, y eso es todo, comprendes que la realidad, aparte de no tener escrúpulos, es esclava del tiempo y su tiranía.
Escuchando: Barricade - Interpol
Escuchando: Barricade - Interpol
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