martes, marzo 08, 2011

1999

Aún te veo corriendo por aquel descampado con suelo de cemento. Detrás del viento. Intentando capturarlo. No había nada por detrás ni por delante, sólo aquel instante. Lo puedo recordar, como si viera una escena rodada a cámara lenta, en blanco y negro. Y un primer plano tuyo, los ojos negros, mirada pícara. En ese momento no era consciente de que la vida no me iba a volver a ofrecer algo parecido. Después vino todo lo demás. Las palabras desde mi interior, en carne viva, imposibles de controlar. Y tu silencio, y tu cabeza negando. Una sola vez, pero tan definitiva que a mí me parecieron mil. Finalmente, el descampado vacío, frío. Aislado del resto del mundo. Una isla en la que permanecer.

Y hoy, tanto tiempo después, he pasado por allí. Tan cambiado. Ya no es frío, ni solitario. Entre los coches aparcados he buscado aquel espacio, el más alejado de la carretera. Ese metro cuadrado que hicimos nuestro. Y las he visto. No lo esperaba, pero ahí estaban. Dispuestas a guardar el pasado, a protegerlo. Aquellas cinco palabras que fueron talladas torpemente en el cemento fresco: Que sea cierto el jamás.



Escuchando: Parte de lo que me debes - Los Planetas

2 comentarios:

Clementine dijo...

Y nunca me cansaré de leerte.
Al final sí que fue cierto el jamás.
Tremendos nuestros queridos amantes lesbianos.
Un beso

VANE Alive dijo...

Que sea cierto el jamás.

Un abrazo

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