miércoles, octubre 23, 2013

Juventus


Hoy juegan el Madrid y la Juventus y no puedo evitar que mi memoria fluya. Lo hace hasta una noche de 1998, hasta el salón de casa de mis padres, las puertas de la terraza abiertas, finales de mayo. La final de la Liga de Campeones. En Ámsterdam. A por la tan ansiada séptima. Para mí, que aún no me había desengañado por culpa del mercantilismo y la pérdida de romanticismo, era una noche muy especial. Tantos años esperando una final... Pero aquella noche fue especial no sólo por eso, sino porque allí, junto a mi padre y a mí, estaba mi abuelo. Madridista hasta la médula, había esperado más que nadie ese momento. Noventa minutos para poder recordar lo que él ya había sentido y había quedado anclado en el blanco y negro. Él había vivido el majestuoso Madrid de otros tiempos que, por aquel entonces, estaba empezando a perder ciertas señas de identidad que finalmente ha terminado por destruir.

De aquella noche recuerdo los nervios, la tensión, que duraron hasta el minuto 67 cuando Mijatovic, el pelo engominado hacia atrás, hizo estallar a todo el barrio. Me veo en la terraza gritando, con mi padre al lado. Disfrutando. Eran otros tiempos, momentos en los que aún uno se identificaba con el sentimiento de pertenencia a ese equipo, heredado, como debe ser. Pero no es eso lo que más echo de menos o en lo que más pienso ahora que mi mente vuelve a aquella noche. Lo que de verdad me gustaría ahora es poder retroceder a esa tarde de adolescencia y celebrar aquel momento mucho más cerca de mi abuelo, haberlo sentido más con él, haberle tenido más presente.

Cuando uno echa de menos a alguien amplía los sentimientos, los sobredimensiona posiblemente. Quizás sí lo celebré lo suficientemente bien con él, pero le echo tanto de menos que quisiera haberlo hecho más. Hoy volverás a vestirte de blanco.


 Escuchando: De haberlo sabido – Quique González

lunes, enero 28, 2013

Aristas

Con la mirada perdida, más allá de las últimas luces de la ciudad, dijiste que sabías con total claridad que siempre ibas a estar sola. Apenas había un poco de tristeza en esas palabras, sino más bien la neutralidad del que descubre la certeza de algo, del que acaricia cierto consuelo al obtener conocimiento. Ni supe ni quise contestar nada. No fue una cuestión de incomprensión. Capté perfectamente cada una de las miles de aristas que tenía aquella frase y que adquirían una dimensión infinita en ese contexto, dentro de aquella tarde de otoño, que amenazaba con atravesarse en la garganta de los dos y dejar una de esas cicatrices que luego uno se acaricia en el frío silencio de la noche.



Escuchando: Why does my heart feel so bad? - Moby

martes, enero 22, 2013

No hay vuelta atrás

La mosca dibuja dos esferas perfectas antes de posarse en su cabeza, negra y espesa. Se pierde dentro de los ovillos oscuros. El aire de la habitación tiene ahora un ligero aroma metálico. El silencio no cesa. Las piernas juntas, el cuerpo hacia delante, los codos apoyados en las rodillas, permanece sentado en el sofá de cuero negro mirando al frente. Hace exactamente once minutos que su vida ha cambiado para siempre. El charco se va haciendo cada vez más grande. Aparta el pie derecho para evitar el contacto. Su mente es un saco vacío que sabe debe comenzar a llenar lo antes posible. Pero no hay chispa. Nada se enciende en él mientras es incapaz de apartar la mirada del pequeño agujero que adorna ahora la pared. La mano derecha balanceando ese objeto tan ajeno hasta entonces, aún caliente.



Escuchando: Helter skelter - The Beatles

viernes, enero 18, 2013

Trayecto

La noche cae entre cables que cruzan el cielo. La ciudad, tras el cristal del coche, parece una errática sucesión de hierros retorcidos. Dices que me fije en los descampados, lúgubres. A mí me producen un sensación de desamparo que prefiero no sentir. Agacho la cabeza. Apenas unos segundos. No se escucha nada más que el silencio. Vamos rápido, aunque en realidad no es más que una sensación. Quiero que el viaje dure mucho, quizás toda la vida. No quiero ese frío de fuera que hace que dentro se empañe el cristal. Pienso en escribir algo con el dedo, algo que cambie el momento y sólo consigo deslizarlo sin ningún rumbo. Sigues diciendo cosas, pero ya no escucho, sólo tengo fuerzas para apretar los puños y desear que no nos detengamos nunca.



Escuchando: I might - Wilco

viernes, noviembre 30, 2012

Segundos que no vuelven

Este segundo, que pasa y que no vuelve. Y la certeza de ello. Tanto miedo. Un avión por encima de mi cabeza, ahora mismo, mudo, hacia el horizonte. Y el miedo otra vez, a perder los pasos, a no hallar las migas de pan. A perderme. Y el segundo que nunca va a volver. Nunca. Y las preguntas acribillando la gélida tarde. La inseguridad por no saber si he andado las sendas correctas. Por no saber si quizás debería ir en ese avión o en tantos otros que despegaron y aterrizaron. El frío congelando mis dedos. Y ningún camino marcado que seguir. En vía muerta. Los demás no. El resto con sus semáforos y sus señales y sus copilotos. Una comarcal junto a miles de autopistas. Cerradas. Tanto frío.



Escuchando: Kamikazes enamorados - Quique González

lunes, noviembre 05, 2012

Cuestión de tiempo

Los días en que las lágrimas son valientes pasan lentos como trenes nocturnos. Es lo que pienso mientras observo como la niebla se apodera del rascacielos. Atardecer helado. Cuesta dar el siguiente paso mientras el frío te agarra del cuello. Justo allí, tanto tiempo atrás, yo miré ese mismo enorme bloque de acero y prometí volver con la vida en el bolsillo. El fracaso es como ese plato que odias cuando eres niño y que te está esperando a la mañana siguiente, acabas comiéndotelo. Es sólo cuestión de tiempo, decías. Decían. Pero no, las manecillas comienzan a anudarse a tu cuerpo, como constrictoras perezosas, convirtiendo cualquier movimiento en pesado y lento. Y ese reloj que corona el gigante metálico, ahora enterrado en vapor de agua, no corre, sino que vuela en una dirección totalmente opuesta a la que vosotros, todos vosotros, me dijisteis que lo haría.



Escuchando: The base - Paul Banks

martes, septiembre 18, 2012

La noche y un avión

Está allí, de noche, junto a la piscina medio vacía. Cientos de hojas secas sobre la superficie oscura. El neón parpadeante tiñendo los reflejos del agua de diversos colores. La manta bien ajustada sobre los hombros. Balanceando la silla apoyada en sus dos patas traseras. La luna llena, precisa, más amarilla que blanca. Permanece así hasta que ve pasar el avión sobre su cabeza. Una cruz metálica desafiando la gravedad. Parece mentira, piensa, que la distancia sea un monstruo tan feroz. Y, sin embargo, quedarán tantas imágenes arañadas en la piel. Y serán de las que se pueden volver a mirar, de las que permiten un repaso cualquier domingo por la tarde, cuando el sol comienza a esconderse y le pega a uno una patada en el estómago. Se queda con eso mientras ve cómo el avión termina por difuminarse en el negro plateado de la noche. Se queda con la idea de que los aviones, como los pájaros, emigran para luego retornar.



Escuchando: The woman in you - Ben Harper

martes, septiembre 04, 2012

Oporto

Oporto es un plano picado, un descenso sin retorno posible. Oporto eres tú y tu pelo azotando las mejillas. Es una tarde de otoño pintada con toda la escala de grises. Esa ciudad erguida, siempre en equilibrio, jugando a que los edificios se balanceen y vuelvan a su sitio. Esperando el soplido definitivo. Oporto es un paseo nostálgico a la orilla del río, mirando su negrura, observando su belleza. Es un camino de hierro sobre las alturas, suspendido frente a muros de colores desteñidos por la lluvia. Es la ciudad de un adiós y de un todo volverá a ser igual, de una cuesta inmensa e interminable, oscura como boca de lobo. Oporto es eso y mucho más. Tantas cosas como misterios esconden sus calles. Oporto es la cicatriz que todos quisiéramos tener.



Escuchando: Hold you in my arms - Ray LaMontagne


miércoles, agosto 22, 2012

Coyote

La paciencia es un bien valioso pero escaso. Eso piensa mientras se tumba en la cama y aprieta el botón de encendido del mando a distancia. En la televisión aparece un viejo episodio del Coyote y el Correcaminos que no ha visto. Encuentra gracioso que, como en su propia vida, eso importe poco porque, al fin y al cabo, ya conoce el final. Mientras apura el vaso de whisky desea con todas sus fuerzas que el dichoso bicho con alas se rompa una pata o tropiece con una de esas rocas que salpican el camino y, de una vez por todas, el Coyote consiga comérselo, sin concesiones, con violencia, haciendo justicia por fin. Pero sabe que no será así porque hay finales escritos que no se pueden cambiar, que son invariables pase el tiempo que pase. Así que se levanta y se sirve otra copa.



Texto publicado en el diario Sur 


viernes, julio 20, 2012

Oslo

Aquel verano en Oslo pasó como un relámpago. Y después sólo quedó aquella luz helada. Los atardeceres limpios. No quedó nada, en realidad. Porque, ¿quién sigue repasando los perfiles de las pisadas que hemos ido dejando? Desaparecen. Ni siquiera tatuamos nuestras iniciales en un árbol –Norwegian Wood-. Son sólo recuerdos afilados para mantenerme despierto porque, en el fondo, sigo creyendo que la suerte tiene los frenos gastados, se te puede cruzar en cualquier esquina, cualquier noche, a cualquier hora. Y yo mirando todas esas luces, desde tan arriba, desde tan lejos. Allí, la palpitación incesante; la llamada de la selva. Oslo está a mis pies y yo, con las venas vacías, busco el brillo de tu figura, seguro de ser capaz de reconocerte entre un millón de ellas. La vida se conquista con actitud.



Escuchando: Pyramid Song - Radiohead

jueves, mayo 31, 2012

Como la noche

Ya no me gusta cómo huele aquí. Aquella mirada captada entre centenares de ojos. Ese instante. Esa punzada. Cómo expresar el desengaño, el vacío, que se siente ahora, cuando termina de picar en el pecho. En el barrio ya nadie habla de aquellos extraños pájaros negros. Se fueron. Ni ellos dejan ya sus pequeñas marcar sobre la oxidada barandilla. Yo siempre he sabido que los pájaros pueden matar. Al menos a ti y a mí. El otro día tuve la tentación de marcharme y dejar la puerta abierta. Al volver habría alguien, seguro. Y con eso me hubiera bastado. La pintura se descascarilla dejando pequeños cráteres por todas las paredes. Me agobia pensar que se harán tan grandes que terminarán por engullirme. Como la noche a aquellos pájaros. Como la noche a ti.



Escuchando: Segundo asalto - Love of lesbian

jueves, mayo 24, 2012

Engaño

Probablemente ninguna de aquellas que aparecen en las fotos eres tú realmente. Si las lanzara al aire ninguna caería boca arriba, estoy convencido. Hay veces que las cartas están todas marcadas desde el comienzo y la partida es una trampa en sí misma. El problema radica en lo difícil que resulta descubrir los trucos, las mangas demasiado anchas, las dobles barajas. El engaño habita en tantos recodos. Y en un momento determinado del camino hacer que lees el periódico para no admitir que no ves aquello que todos ven menos tú. Susurros en cada esquina colocándote unas orejas de burro bien grandes. Un tonto el que lo lea en el muro de tus lamentaciones. Y así las sucesivas vueltas a un tiovivo que nunca gira alrededor del mismo eje. Aunque lo ponga. Aunque sean las reglas.



Escuchando: Beautiful boy - John Lennon

lunes, mayo 21, 2012

Ahorcado

Está colgado en el kilómetro número tres de la carretera que va hacia el mar. Permanece ahí, con una gruesa cuerda atada al cuello, oscilando al capricho del viento, con los pies descalzos. El árbol es grande, enorme, de ramas muy largas como brazos. Aún es de noche y nadie ha podido ver todavía ese cuerpo suspendido en el aire, la lengua partida asomando a medias por esa boca que no es más que una fina línea. Al otro lado de la carretera estoy yo, observando la escena, como el director que permanece tras la cámara viendo los movimientos de sus actores. En realidad ya he visto la película. Entera. Ahora sólo espero la secuela, que va a llegar conforme la iluminación vaya inundando el escenario. Cuando llegue el nuevo guión.



Escuchando: Alone - Ben Harper

martes, abril 17, 2012

Monstruos (recordando)

Ella piensa que son sus ojos. Que le duele porque le mira, porque fija sus pupilas hasta que supuran los lagrimales. Y muchas noches no puede dormir y abraza fuerte la almohada mientras un miedo atroz le agarra los tobillos. Lo recuerda bien, las noches en aquella casa de enormes ventanales, cuando estrechaba con fuerza su muñeca para que el monstruo del armario no se la llevara y la dejara allí sola, perdida otra vez. Ahora es igual y la respiración le traiciona cuando está lejos, cuando sus pupilas no pueden hacer blanco. Porque una foto no es lo mismo. No lo es. Sabe que llorar para no llorar no tiene buena pinta, igual que el miedo a perder para no perder. Pero no lo puede evitar porque cree que el monstruo ya no habita en aquel armario y puede estar en cualquier lugar, acechando su felicidad, esperando para arrancarle el nuevo hilo que la ata al mundo.



Escuchando: No más lágrimas - Héroes del Silencio

miércoles, abril 04, 2012

Gélido

¿Alguna vez te han abrazado al caer el sol?, preguntas, tiritando de frío. ¿Quisiste alguna vez coleccionar tantas plumas como entraran en tus manos abiertas de par en par? Yo quise y me lo prohibieron. Tiritas. Quizás no de frío. Alguna vez pretendí rodearme de gente, pero terminé por elegir el espacio, el vacío. Y duró, duró más de lo que hubiera adivinado. Tanto que se convirtió en yo, y ahora no hay más hacia dónde mirar. Tiritas como nadie que yo haya conocido ha tiritado jamás. Creí tener la conciencia sobre mis hombros, pero no hacen más que mentirte, ¿sabes? Son medias verdades escondidas entre los destellos del sol. Es un oír para no escuchar. Tu cuerpo es una hoja en mitad de un huracán. Como querer pintar de rojo todas las paredes y terminar tirándolas. Como reconocer, al fin y al cabo, que tu vida no pertenece a nadie. Ni siquiera a uno mismo.



Escuchando: Jesus fever - Kurt Vile

viernes, marzo 23, 2012

Pegatina

Era como una pegatina de esas que llevan tanto tiempo en el cristal que han perdido su color. O así al menos me sentía en aquella enorme llanura llena de polvo. Dábamos dos pasos y estábamos fuera, hundidos en la arena, azotados por la metralla que escupía el viento. Alguna vez había oído decir que era este ambiente, que nadie podía permanecer al margen siempre. Así que estaba esa actitud de resignación; la sensación de jaula con barrotes de arena. Qué más daba, la vida tenía límites y nadie había escrito sobre lo que estaba al otro lado.



Escuchando: No one knows - Queens of the stone age

martes, febrero 14, 2012

Ser y no estar

Yo soy el que llega tarde a todas las oportunidades. Yo soy el que ve siempre partir al tren, con su chirrido metálico y su bocina de bicicleta. Yo soy el pañuelo agitándose al viento mientras piensa que otra vez será, que habrá más trenes. Yo soy el deseo y las ganas de ir junto a la ventanilla, disfrutando del paisaje, pero, sobre todo, de la compañía. Yo soy horas y horas en el banco de madera del andén, diciéndome a mí mismo que es solo cuestión de tiempo. Yo soy el que observa, abstraído, ausente, el enorme reloj circular con sus dos soldados persiguiéndose. Yo soy el que una y otra vez olvida el pasaporte en el cajón de la mesilla. Yo soy una suerte de Bill Murray condenado un día tras otro a esperar el mismo tren. Yo soy la repetición de un fracaso, de una concesión, que se perpetúa en un bucle sin final conocido. 



Escuchando: La ciudad del viento - Quique González

martes, enero 24, 2012

Zumbido

Habías llegado muy tarde y yo fingía dormir sobre la sucia cama sin deshacer. Te habías deslizado dentro de la habitación, apenas interrumpiendo el continuo zumbido del cartel de neón. Había llorado toda la noche pensando en ti, en lo que había pasado horas antes. Y ahora ni siquiera tenía fuerzas para levantarme. Tantas cosas que decir. Te miraste en el sucio espejo de la habitación, bañada a medias por la luz verde de fluorescente, y pude vislumbrar un leve brillo en tu mejilla, fugaz pero real. No te habías quitado el abrigo, como el que va de paso, y supe que esa noche no ibas a dormir junto a mí; esa noche no. Permaneciste allí, de pie junto al espejo, el suficiente tiempo como para que sintiera un miedo inconsolable, un terror que me erizó la piel. Un tiempo que no sabría cuantificar, pero que fue un simple suspiro para mí, hundido en un cenagal de pavor y reproches, incapaz de pensar. Mientras sacabas tu maleta de aquel triste armario, tuve la absoluta certeza de que iba a ser incapaz de moverme, ni tan siquiera de hablarte. Ni un solo gesto; los ojos entreabiertos. Te acercaste de nuevo hasta la puerta, despacio, casi levitando, y yo moría por ver si te despedirías, si acaso mirarías una última vez a quien fue lo que siempre quisimos ser, pero incapaz de mover la cabeza, de ganar ángulo, retenido por la cobardía. Ni siquiera entonces cesó el zumbido.



Escuchando: Passover - Joy Division

lunes, enero 16, 2012

Idealizar

Me gustaría hablar de aquellas tardes en el desierto. De las horas y horas junto a la vieja central eléctrica. Del agobio compartido y los planes que quedaron cubiertos por la arena. De las confesiones con un nudo en la garganta. Me gustaría pero quiero se fiel a todo aquello. Hay cosas que pierden su naturaleza si las dejas salir; se corrompen en cierto modo. Cuando dejan de ser pensadas para ser dichas, se transforman en otra cosa. Y yo quiero que tú seas tú y nada más. Con los mismos escenarios y los mismos actores de reparto. Yo quiero que seas mi recuerdo y de nadie más. Porque quizás si te dejo salir se me caiga un mito.



Escuchando: Like a stranger - Bodies of water

lunes, enero 09, 2012

Dibujos que son vidas

Cuando las lágrimas ya no son más que pequeñas pecas brillantes sobre tus mejillas, te giras y clavas tus ojos en el horizonte. -¿Sabes?, de pequeña yo dibujaba escenas sobre cómo quería que fuera mi vida. Allí había un precioso ático con mucha luz, un perro a los pies de la cama, un escritorio lleno de libros, un niño rubio sobre un columpio, un hombre ideal…-. Mientras vas enumerando, yo puedo ver las instantáneas, una a una, con claridad. -Ya hace tiempo que no dibujo, se me daba bien, ¿sabes? Mi madre me decía que quizás algún día podría ganarme la vida con ello. No ha quedado nada-, dices casi en un susurro mientras bajas la mirada hacia el barro que comienza a la altura de tus pies. -Ni siquiera quise eso. Ni lo supe ni lo sé-. Te dejo hablar por cobardía, por incapacidad. –Ahora, ni siquiera sabría dibujar un solo sueño-. Cierro los ojos mientras dibujo con los labios un silencioso Yo tampoco.



Escuchando: De viaje - Los Planetas

jueves, diciembre 08, 2011

En esos días

Es precisamente en esos días libres, ociosos, en los que el tiempo se escapa lentamente, como no queriendo ocurrir, en los que tendemos a pensar que nada es como realmente planeábamos que fuera. Quizás no mejor ni peor, pero sí diferente. Ni las calles ni el ambiente es el que esperábamos, pero tampoco lo es la compañía, más aún si ésta es la soledad. Pasear de la mano de ella, en días como esos, puede poner al límite del aguante a cualquiera. Porque es en esos días, y no en otros, en los que uno conoce la verdadera dimensión de su espacio en este mundo, y de la mano de ella el espacio es tan grande que entran ganas de meterse en un cafetería llena de gente para que ocupe esos lugares vacíos, que elimine ese vértigo creciente. Es una solución temporal, claro, pero necesaria en días como esos. Y uno contempla con toneladas de envidia en su interior como el espacio alrededor de los demás es inexistente, mientras que evita mirar a los lados para no tener que volver a asustarse de la ausencia que le acompaña. El otro día –y no fue un día de esos, claro- un amigo me dijo que gente como yo éramos víctima de un síndrome denominado horror vacui, cuyo nombre habían cogido los psicólogos prestado del mundo del arte para explicar la naturaleza de dicho síndrome. Yo le dije que no, que para que eso fuera cierto, al menos en mi caso, yo debería de ocupar todas la horas de mi vida intentando rellenar esos huecos que me rodean y me aíslan. Y no es el caso. Pero, en fin, en días como esos, en días sin nada por delante ni por detrás, es cuando uno filosofea con lo que no debería y juega más de la cuenta a la ruleta rusa con sus sentimientos.



Escuchando: Sim sala bim - Fleet Foxes 

miércoles, diciembre 07, 2011

Malditas calles

Apenas puedo distinguir los límites de la ciudad, confundidos siempre entre esta bruma gris y pesada, asfixiante. Tanto tiempo aquí y, sin embargo, tan perdido. En búsqueda de algo que ni siquiera yo sé qué es. Una vez alguien -que ahora está hundido en las profundidades de mi alcohol- me dijo que en esta ciudad no hay calles sino laberintos. En esas calles donde hemos ganado y perdido amores, donde hemos bebido cerveza como si no hubiera un mañana, en las que hemos descubierto que los libros y las canciones siempre nos han mentido, ahora sólo podemos dejarnos llevar y esperar pasar desapercibidos en sus esquinas. Camuflarse es sin duda la mejor manera de hacerlo. Uno no desaparece ni está, se encuentra en un limbo desde el que no hiere pero tampoco es herido. Quizás esa sea la única manera de no salir nunca más del laberinto. Porque, al fin y al cabo, quién quiere realmente hacerlo.



Escuchando:  The death of you and me - Noel Gallagher

jueves, noviembre 17, 2011

Tan oscuro

Está todo tan oscuro que a veces ya ni me acuerdo. Todo, absolutamente todo, ha perdido el color y, en realidad, ha dejado de importarme. Ni siquiera existe ya un tú que alivie las horas. Simplemente están vacías y yo ya no me percato de ello. Todo tan oscuro y tan cerrado a la vez. Tan ordenado. No hay espacio para la improvisación. Ese tú que existía, ese tú sin nombre y sin cuerpo, bajó la persiana definitivamente. Y aquí está todo tan oscuro. Ni siquiera un amago de la vieja melancolía. Antes tenía miedo de sacar la cabeza, no fuera a ser que me acordara de ese tú que antes sí existía y no fuera capaz de volver a ocultarla. Ahora ya no hay miedo, desde el momento en que ya no hubo más y si hoy apareces, y si es el día, y si hoy no vuelvo a estar solo en este sofá, y si hoy por fin paseo de la mano de alguien, y si hoy es el día en que desaparece para siempre esta puta oscuridad.



Escuchando: The drugs don't work - Covered by Ben Harper

martes, noviembre 08, 2011

Fuegos artificiales

Acababas de regresar y desde la colina podíamos ver toda la ciudad. Las luces amarillas llenándolo todo. Me daba miedo preguntarte, desencadenar algo que quizás estuviera mejor oculto.  Así que permanecí callada, mirando de reojo el perfil de tu cara, sin una expresión definida. Los fuegos artificiales comenzaron a centellear y la vista de la ciudad adquirió un tono futurista. Una luna multicolor. Nuestro silencio permanecía inmune a las explosiones. Metiste la mano en el bolsillo de tu gabardina y sacaste la pistola. Dejaste caer el brazo y el arma brilló por un instante. Tu mirada perdida en la colección de edificios. Entonces la soltaste, con suavidad, simplemente abriendo la mano, como el que permite escapar a un pájaro para que vuelva a volar. Cuando tocó el suelo, el último racimo de colores llenó la noche, permaneciendo unos segundos antes de disiparse dibujando una lluvia de estrellas. Quedó entonces un silencio tan definitivo que se convirtió en dolor.



Escuchando: Re-wired - Kasabian

lunes, octubre 31, 2011

Arizona

El problema es que no teníamos plan B. Ni C. Supongo que, con la ignorancia de aquellos tiempos, pensamos que duraría, que el final no existe. Pero todo es como esas carreteras que recorren llanuras inacabables, que superan una y otra vez el horizonte, hasta que terminan. En algún punto se acaban. Nosotros las recorrimos todas, a la máxima velocidad que nos permitieron nuestros corazones. Hasta que explotaron y el silencio se pudo escuchar a lo largo de toda la llanura. Luego, plantados en mitad de aquella extensión árida. Perplejos. Sólo bolas de espino y arena. No había ningún plan. Ni conocíamos las instrucciones. Así que esperamos a que nuestros pies echaran raíces. Y ahí nos quedamos, en nuestro metro cuadrado de arena. Sin mirarnos. Aislados el uno del otro. Ciegos. Sordos. Mudos. Sin rencor.



Escuchando:  Your hand in mine - Explosions in the sky

viernes, octubre 28, 2011

Querer no es poder

Caminas despacio, con esa forma tan tuya de hacerlo, como si levitases. Yo te observo desde la cama, tu figura enmarcada por las cortinas. Fuera los copos de nieve caen como si fueran hojas en otoño. Me esfuerzo por recordar cuál fue la primera vez que te vi, pero no consigo que la imagen acuda a mi memoria. No eres una más y lo sé, pero uno no cambia de la noche a la mañana; a veces, no lo hace nunca. El humo de tu cigarro asciende hasta dibujar en el techo algo que yo distingo como un dragón. Tu tatuaje partido en dos por el tirante de la camiseta. Quisiera colocarme en el centro de la balanza, recordar tu nombre, tener claro esta vez si tú también vas a salir por esa puerta o no. Pero querer no es poder. Querer es otro trago más de ginebra. Querer es otro viaje más a ninguna parte.



Escuchando: I'm Jim Morrison, I'm dead - Mogwai

lunes, octubre 03, 2011

Pérdida

Todas las tardes suena la misma canción en el viejo tocadiscos que se muere día a día sobre la polvorienta estantería. Se me escapan las horas entre los dedos. Intentando detenerlas. Incapaz de disfrutarlas. Este olor; esta sensación. El miedo. Por primera vez. Tan real que duele. Todas las tardes. Por primera vez la pérdida, presente como la mayor enfermedad del adulto. El miedo a sufrir pérdida. Todas aquellas tardes. Duele. Rechazo al transcurrir. Pasito a pasito cada día hacia el sentimiento de desamparo. El otoño existe y esta luz cegadora desaparecerá entonces. Es extraño pensar que todo aquello ha quedado atrás. Ahora, tan lejano. Es tan breve ese tiempo, la luz que se nos permite. El instante apenas disfrutado. Imposible de atesorar. Imposible.




Escuchando: The cross that stole this heart away - Micah P. Hinson

miércoles, agosto 31, 2011

Sin futuro

-¿Recuerdas lo que me costó aceptar?-dices, aún de espaldas, mirando a través del cristal los edificios recortados sobre un atardecer rojo, como en llamas. Lo dices dejando arrastrar las palabras, como si en realidad te pesaran mientras las dejas caer. Aquellos días ya conocíamos las consecuencias pero ahora ya las estamos viendo. Todo este tiempo ha sido un correr con la conciencia clara de que nos atraparían. Nunca miramos hacia atrás, como si al no hacerlo buscáramos ese resquicio, una suerte de milagro que desviara el guión escrito de antemano. Pero tú y yo sabíamos que no quedaba esperanza y pese a todo continuamos. Firmes, decididos, retando a un futuro que no era nuestro. Ahora tu espalda al aire me recuerda que mañana ya no saldrá el sol para nosotros. Siento ganas de comenzar a correr, de cerrar los ojos y alejarme todo lo que pueda. No parar hasta que no quede más horizonte. Pero sé que me pararía y buscaría tu mano, ausente ya entonces, y comprendería lo que ya debo asumir. Que el presente ya no se escribe con nuestros nombres y que el futuro no los tiene en sus listas. La diferencia, pienso mientras me dirijo a la puerta, es que en su momento a mí no me costó tanto aceptar.




Escuchando: Find them empty - Woods

jueves, julio 14, 2011

Ellos

Alguna vez los has visto, estoy seguro. Vestidos con sus túnicas negras, sin apenas tocar el suelo. Están siempre, acechando, de noche. Y aquí hace tanto frío. Baldosas heladas. Sentado tras las cortinas. Esperándolos. Esperándote. Tanto tiempo entre estas cuatro paredes. Ellos están fuera. Lo sé. Lo saben. Siempre pasos en las escaleras. Apenas un repiqueteo de talones de metal. Escuchan. Espían. ¿Dónde estarás? Quizás también contando los destellos de una farola contra el cristal. Así se escurre el tiempo. Las noches. Tan solo. Tan solos. Finalmente caeremos. Lo conseguirán. Todo será un recuerdo atado a aquel lugar: árboles perlados de nieve contra un azul espectral. Que ellos no te vean.




Escuchando: Ready to start - Arcade Fire

miércoles, julio 06, 2011

Olvídate

No es la primera vez que intento llorar sin conseguirlo. Apenas puedo recordar la sensación. Ahora todo esto es desconocido y sólo los más fuertes salimos adelante. Edificios grises, sin ventanas. Calles abandonadas, agujereadas. Yo siempre te quise tener y en realidad nunca te tuve. Por ese sueño pegué, robé, corrí más rápido que nadie. Tu cara tatuada en mi memoria. Pero eso ahora es tiempo que se desliza por el sumidero. Una vez tecleado sólo hay que esperar a que haga su afecto. Ahora ya no me hace falta correr, a mi paso sólo hay sombras y miradas escondidas tras los tablones. Una vez me escribiste que la vida nunca nos da lo que de verdad queremos. Poco después llegó el humo y las palabras dejaron de importar. Los recuerdos van a desaparecer del todo de un momento a otro y yo ya no voy a poder agarrarme a ellos aunque quiera. Entonces, todo lo que fuiste no será más que parte de ese polvo en suspensión que lo inunda todo. Y no puedo negar que me alegra.




Escuchando: Staircase - Radiohead

miércoles, mayo 25, 2011

Fuego

Fuera está empezando a llover fuego, puede que sea la última vez que nos veamos, le digo. Ella se acurruca contra mi pecho y acompasa su respiración a la mía. Eso no va a pasar, contesta. En esa habitación tan fría pienso en las veces que creí que nunca volvería a ocurrir. Y no logro recordarlas todas, aunque fueron muchas, de eso estoy seguro. Entonces se levanta, desnuda, y se acerca a la ventana. Tras los cristales, fulgores rojos contra un inmenso paisaje metálico. Su figura, ante tal contraluz, se parece a la viñeta de un comic. Sabes que todo tiene su final, digo mientras concentro la mirada en su espalda intentando que se gire y me mire a los ojos. Pero no, continúa rígida con la vista clavada en los destellos flamígeros que llenan la habitación de extraños reflejos móviles.

Mientras rodeo su cintura con mis brazos intento pensar en cómo será la sensación, cuál es el sentimiento que le asalta en ese momento. Siempre ha sido igual. Vacío. Insensibilidad. Tarda poco en desprenderse de mi abrazo y esconderse en el cuarto de baño. Frente a mí, las moles de acero rodeadas de oscuridad y fogonazos que pintan de rojo la noche iluminada. Todo arde sin quemarse. Hace tiempo que perdí la esperanza y me admití como soy. Pocos son los que recuerdan cómo era todo antes y desde que me lo contaron avanzar ha sido difícil, carcomido por la culpa y el sinsentido. Desde el baño llegan sus palabras, lentas, con una cadencia que me es familiar. Siempre va a ser imposible, ¿verdad? Sé la respuesta, la he sabido siempre, desde el principio. Invariable, inflexible.

Al cerrar la puerta quiero la sensación de oportunidad perdida. Pero eso no está hecho para mí. Ser despreciable y esquivo. Ya en el portal, las calles llenas de árboles en llamas. Soy el agua que todo el mundo quiere. No soy de nadie.




Escuchando: If you wanna - The Vaccines

martes, mayo 10, 2011

Volver atrás

La conocí cuando el desgaste aún no había hecho mella. Cuando aún sonreía sin razón y ponía esa mueca de ingenuidad ante cada problema, como queriendo decir. Aquella chica se quedó allí, en aquella gran ciudad, en sus plazas y en sus bares, mirando fijamente, siempre a los ojos, generosa y divertida. Se perdió en la inmensidad de sus calles. Y ya no queda ni la sombra. Tratas de evitarlo, te esfuerzas. Se te nota. Pero aquello que solías dar ya no está. Quizás te lo robaron; quizás se te agotó después de tanto regalarlo. Y hubo personas que no lo merecieron, que se aprovecharon.

“Si pudiera volver atrás, haría exactamente lo mismo”, me confiesa, sentados en el bar de la plaza.
“Quizás te fiaste demasiado. Le diste mucha confianza a quien no la merecía. Y te defraudaron. Yo creo que aquello te fue minando poco a poco. La decepción”, le contesto yo.
“Es cierto que el dolor te hace protegerte y que esa protección te va distanciando cada vez más. Pero, en el fondo, no se trata de eso. Es cuestión de principios y de cansancio. Me cansé, pero en realidad nunca he cambiado”.
“Yo siempre he recordado con cariño aquellos años en la ciudad. Tú tirabas de nosotros todos los días. En cierto modo eras el nexo que nos conseguía mantener unidos. Hasta que se rompió”.

Ella sonríe con tristeza, como si esas palabras dejaran libre un recuerdo que quería volver a tener pero que, una vez fuera, no tiene marcha atrás.

“Se rompió…”
“¿Qué cambió aquel último verano? ¿Por qué todo dejó de ser como había sido hasta entonces? Yo nunca he podido olvidar aquella sensación de pérdida".

Tus ojos entonces se clavan en los míos. Profundos como dos pozos. Y, por un momento, vuelvo muchos años atrás, a aquellas calles, al apartamento del tercer piso siempre lleno de gente. A aquel verano. Y deseo con todas mis fuerzas estar allí de nuevo. Sentir otra vez todo aquello.

Tu mirada se va ahora hacia la izquierda y se posa en un niño sentado en el suelo que juega con sus muñecos, ajeno a todo el movimiento que hay a su alrededor. El pelo negro, una camiseta de rayas.

“¿Sabes? Lo pasado, pasado está”.




Escuchando: Fly for a while - Sexy Sadie

miércoles, abril 13, 2011

Vukovar

Los amaneceres en Vukovar son limpios, transparentes. Parece imposible que aquí, no hace mucho tiempo, la maldad hubiera encontrado su sitio. Tú aún no eras mi sueño cuando yo escuchaba ese nombre en la televisión, siempre acompañado de la palabra guerra. Frente a mí están los agujeros en las fachadas a modo de negro recuerdo. Tú juegas a meter los dedos en todos los que encuentras y finges oír voces atormentadas a través de esa conexión. La voz de Jelena sí es real cuando nos cuenta como un soldado del ejército serbio violó ante sus ojos a sus dos hijas antes de cortarles el cuello. A ella la dejó viva, para que el resto de su vida pudiera recordar aquello. Su voz es firme, su semblante sereno, en paz. El silencio cae pesado en mi interior.

La barbarie aún retumba en las esquinas más recónditas de la ciudad. Tú y yo la escuchamos. Es claramente reconocible para los forasteros, no para la gente de aquí, que ha cerrado sus heridas lo más rápido posible pensando que han pasado por el infierno y han podido sobrevivir. El dolor ya no les preocupa, sólo el recuerdo de aquellos que perdieron, pese a que cada edificio, cada calle, cada trozo de cielo guarda la memoria de lo atroz. Las nuevas generaciones revitalizan poco a poco el espacio. Jelena dice ver cada noche las almas vagando por su barrio, buscando consuelo. Las mismas almas que aquellas frías noches de noviembre sembraron de rojo las calles y caminos. Jelena nos despide con un gesto amargo y una frase: sólo nos tenemos a nosotros mismos. Vukovar apaga los últimos rayos de sol de otro día más.




Escuchando: Beatles and Stones - Beady Eye
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