Escuchando: Allí donde solíamos gritar - Love of lesbian
lunes, noviembre 04, 2013
Pendiente
Si sólo pudiera tener un segundo más me agarraría tan fuerte
que nada podría quitármelo. Me bastaría con un abrir y cerrar de ojos, sólo
eso, para convencerte. Y este frío ya no estaría aquí; este nudo en el estómago
se desharía. Y respirar. Por fin respirar. Pero los segundos ya están al otro
lado. El tiempo ya no me pertenece. Mirar hacia adelante y ver una cuesta
arriba sin fin, teniendo la certeza de tu incapacidad para afrontarla. Bajar
entonces la mirada y comprender que siempre te vas a quedar en el mismo sitio
porque ya no hay cuerdas para ascender esa pendiente, que cada día que pasa es más
empinada. Ya nadie te va a tender una cuerda.
Escuchando: Allí donde solíamos gritar - Love of lesbian
Escuchando: Allí donde solíamos gritar - Love of lesbian
lunes, octubre 28, 2013
Crónico
El horizonte va mudando de color. Sentado en ese banco, contemplando la
ciudad desde las alturas. La espina clavada. No sé hacerlo, se susurra a él
mismo. No sé hacerlo. El estallido de colores pone el decorado perfecto. Hay
sentimientos que se disfrazan de enfermedad crónica. Para estar siempre acechando.
No sé hacerlo, se repite, y tiene ganas de gritárselo a esa ciudad que se ha
vuelto tan turbia de repente. De gritar que no sabe cuál es la llave para
salir. Pero tiene claro que el grito sólo tendría unos oídos como objetivo. Que
es incapaz de referirse a nadie más. Y que ahí no iba a encontrar ninguna
respuesta. Así que se vuelve a sentir dentro de un laberinto, consciente de que
nunca encontrará esa salida que un día vislumbró pero que ya está tapiada para
siempre.
Escuchando: The greatest - Cat Power
Escuchando: The greatest - Cat Power
viernes, octubre 25, 2013
Nudo
Otra vez estás junto a mí. Sentada en el sofá,
mirando al frente. Yo observo tu perfil, sin que te des cuenta, recreándome en
cada detalle. Y mientras lo hago cruzo los dedos lo más fuerte que puedo,
buscando el milagro. En esta ocasión sí funciona. Te giras y me sonríes, con
claridad, sin fisuras. Como si fuera la última sonrisa que fueras a dedicar. Te
mueves hacía mí y acercas tu cara. Cierro los ojos. Entonces, un aguijonazo
certero. Los abro y comprendo que no es real, que estoy solo en esta cama y que,
como en la mayoría de los casos, la realidad siempre fastidia la ficción que
uno quisiera vivir. Otra vez ese nudo en la garganta; otra vez ese vacío en el estómago.
Escuchando: Where I end and you begin - Radiohead
Escuchando: Where I end and you begin - Radiohead
jueves, octubre 24, 2013
Feliz olvido
La puerta trasera del taxi se
abre. La lluvia salpica al chocar contra la carrocería. El día es oscuro. Pero
él sale con las gafas de sol puestas, el gorro de lana bien ajustado, abrigo de
paño negro. Nadie diría al verle que tiene el corazón roto. Camina el corto
espacio entre el coche y la cafetería con las manos en los bolsillos, el andar
distraído. Antes de entrar hace una parada junto a la puerta, como si
necesitara coger aire.
En el interior el ambiente es
pegajoso, como si llevara sin ventilarse décadas. La luz tenue deja ver unas
cuantas mesas bajas, con sus respectivas sillas, desordenadas por el espacio.
Parece que hubieran sido lanzadas al azar. Todas están vacías salvo una. En
ella un hombre lee un grueso libro con las piernas cruzadas. Corpulento, el
pelo totalmente blanco, lleno de rizos que se entrelazan hacia el cuello. Se
sienta frente a él y se quita las gafas de sol. Unas gruesas bolsas aparecen al
pie de unos ojos rojos, irritados. El hombre mete la mano en el interior de la
chaqueta, la vista fija en el visitante. Saca una pequeña bolsa de plástico,
como un saquito, y lo deja sobre la mesa. Feliz olvido, dice con una voz ronca
como un trueno que retumba en el local vacío.
Lo recoge de la vieja mesa,
se levanta, se pone las gafas de sol y camina hacia la puerta. Mismo andar
distraído. Antes de salir vuelve a respirar hondo, echa hacia atrás los hombros
y estira la espalda. Quién diría que tiene el corazón roto.
Escuchando: Sugar - Editors
miércoles, octubre 23, 2013
Juventus
Hoy juegan el Madrid y la
Juventus y no puedo evitar que mi memoria fluya. Lo hace hasta una noche de
1998, hasta el salón de casa de mis padres, las puertas de la terraza abiertas,
finales de mayo. La final de la Liga de Campeones. En Ámsterdam. A por la tan
ansiada séptima. Para mí, que aún no me había desengañado por culpa del
mercantilismo y la pérdida de romanticismo, era una noche muy especial. Tantos
años esperando una final... Pero aquella noche fue especial no sólo por eso,
sino porque allí, junto a mi padre y a mí, estaba mi abuelo. Madridista hasta
la médula, había esperado más que nadie ese momento. Noventa minutos para poder
recordar lo que él ya había sentido y había quedado anclado en el blanco y
negro. Él había vivido el majestuoso Madrid de otros tiempos que, por aquel
entonces, estaba empezando a perder ciertas señas de identidad que finalmente
ha terminado por destruir.
De aquella noche recuerdo los
nervios, la tensión, que duraron hasta el minuto 67 cuando Mijatovic, el pelo
engominado hacia atrás, hizo estallar a todo el barrio. Me veo en la terraza
gritando, con mi padre al lado. Disfrutando. Eran otros tiempos, momentos en
los que aún uno se identificaba con el sentimiento de pertenencia a ese equipo,
heredado, como debe ser. Pero no es eso lo que más echo de menos o en lo que
más pienso ahora que mi mente vuelve a aquella noche. Lo que de verdad me
gustaría ahora es poder retroceder a esa tarde de adolescencia y celebrar aquel
momento mucho más cerca de mi abuelo, haberlo sentido más con él, haberle
tenido más presente.
Cuando uno echa de menos a
alguien amplía los sentimientos, los sobredimensiona posiblemente. Quizás sí lo
celebré lo suficientemente bien con él, pero le echo tanto de menos que
quisiera haberlo hecho más. Hoy volverás a vestirte de blanco.
Escuchando: De haberlo sabido
– Quique González
lunes, enero 28, 2013
Aristas
Con la mirada perdida, más allá de las últimas luces de la
ciudad, dijiste que sabías con total claridad que siempre ibas a estar sola.
Apenas había un poco de tristeza en esas palabras, sino más bien la neutralidad
del que descubre la certeza de algo, del que acaricia cierto consuelo al
obtener conocimiento. Ni supe ni quise contestar nada. No fue una cuestión de
incomprensión. Capté perfectamente cada una de las miles de aristas que tenía
aquella frase y que adquirían una dimensión infinita en ese contexto, dentro
de aquella tarde de otoño, que amenazaba con atravesarse en la garganta de los
dos y dejar una de esas cicatrices que luego uno se acaricia en el frío silencio
de la noche.
Escuchando: Why does my heart feel so bad? - Moby
martes, enero 22, 2013
No hay vuelta atrás
La mosca dibuja dos esferas perfectas antes de posarse en su
cabeza, negra y espesa. Se pierde dentro de los ovillos oscuros. El aire de la
habitación tiene ahora un ligero aroma metálico. El silencio no cesa. Las
piernas juntas, el cuerpo hacia delante, los codos apoyados en las rodillas,
permanece sentado en el sofá de cuero negro mirando al frente. Hace exactamente
once minutos que su vida ha cambiado para siempre. El charco se va haciendo
cada vez más grande. Aparta el pie derecho para evitar el contacto. Su mente es
un saco vacío que sabe debe comenzar a llenar lo antes posible. Pero no hay
chispa. Nada se enciende en él mientras es incapaz de apartar la mirada del
pequeño agujero que adorna ahora la pared. La mano derecha balanceando ese
objeto tan ajeno hasta entonces, aún caliente.
Escuchando: Helter skelter - The Beatles
viernes, enero 18, 2013
Trayecto
La noche cae entre cables que cruzan el cielo. La ciudad,
tras el cristal del coche, parece una errática sucesión de hierros retorcidos.
Dices que me fije en los descampados, lúgubres. A mí me producen un sensación
de desamparo que prefiero no sentir. Agacho la cabeza. Apenas unos segundos. No
se escucha nada más que el silencio. Vamos rápido, aunque en realidad no es más
que una sensación. Quiero que el viaje dure mucho, quizás toda la vida. No
quiero ese frío de fuera que hace que dentro se empañe el cristal. Pienso en
escribir algo con el dedo, algo que cambie el momento y sólo consigo deslizarlo
sin ningún rumbo. Sigues diciendo cosas, pero ya no escucho, sólo tengo fuerzas
para apretar los puños y desear que no nos detengamos nunca.
Escuchando: I might - Wilco
Escuchando: I might - Wilco
viernes, noviembre 30, 2012
Segundos que no vuelven
Este segundo, que pasa y que no vuelve. Y la certeza de
ello. Tanto miedo. Un avión por encima de mi cabeza, ahora mismo, mudo, hacia
el horizonte. Y el miedo otra vez, a perder los pasos, a no hallar las migas de
pan. A perderme. Y el segundo que nunca va a volver. Nunca. Y las preguntas
acribillando la gélida tarde. La inseguridad por no saber si he andado las
sendas correctas. Por no saber si quizás debería ir en ese avión o en tantos
otros que despegaron y aterrizaron. El frío congelando mis dedos. Y ningún
camino marcado que seguir. En vía muerta. Los demás no. El resto con sus semáforos
y sus señales y sus copilotos. Una comarcal junto a miles de autopistas.
Cerradas. Tanto frío.
Escuchando: Kamikazes enamorados - Quique González
lunes, noviembre 05, 2012
Cuestión de tiempo
Los días en que las lágrimas son valientes pasan lentos como
trenes nocturnos. Es lo que pienso mientras observo como la niebla se apodera
del rascacielos. Atardecer helado. Cuesta dar el siguiente paso mientras el
frío te agarra del cuello. Justo allí, tanto tiempo atrás, yo miré ese mismo
enorme bloque de acero y prometí volver con la vida en el bolsillo. El fracaso
es como ese plato que odias cuando eres niño y que te está esperando a la
mañana siguiente, acabas comiéndotelo. Es sólo cuestión de tiempo, decías.
Decían. Pero no, las manecillas comienzan a anudarse a tu cuerpo, como constrictoras
perezosas, convirtiendo cualquier movimiento en pesado y lento. Y ese reloj que
corona el gigante metálico, ahora enterrado en vapor de agua, no corre, sino
que vuela en una dirección totalmente opuesta a la que vosotros, todos
vosotros, me dijisteis que lo haría.
Escuchando: The base - Paul Banks
martes, septiembre 18, 2012
La noche y un avión
Está allí, de noche, junto a la piscina medio vacía. Cientos
de hojas secas sobre la superficie oscura. El neón parpadeante tiñendo los
reflejos del agua de diversos colores. La manta bien ajustada sobre los
hombros. Balanceando la silla apoyada en sus dos patas traseras. La luna llena,
precisa, más amarilla que blanca. Permanece así hasta que ve pasar el avión
sobre su cabeza. Una cruz metálica desafiando la gravedad. Parece mentira, piensa, que la distancia sea
un monstruo tan feroz. Y, sin embargo, quedarán tantas imágenes arañadas en la
piel. Y serán de las que se pueden volver a mirar, de las que permiten un
repaso cualquier domingo por la tarde, cuando el sol comienza a esconderse y le
pega a uno una patada en el estómago. Se queda con eso mientras ve cómo el
avión termina por difuminarse en el negro plateado de la noche. Se queda con la
idea de que los aviones, como los pájaros, emigran para luego retornar.
Escuchando: The woman in you - Ben Harper
Escuchando: The woman in you - Ben Harper
martes, septiembre 04, 2012
Oporto
Oporto es un plano picado, un descenso sin retorno posible. Oporto
eres tú y tu pelo azotando las mejillas. Es una tarde de otoño pintada con toda
la escala de grises. Esa ciudad erguida, siempre en equilibrio, jugando a que
los edificios se balanceen y vuelvan a su sitio. Esperando el soplido
definitivo. Oporto es un paseo nostálgico a la orilla del río, mirando su
negrura, observando su belleza. Es un camino de hierro sobre las alturas,
suspendido frente a muros de colores desteñidos por la lluvia. Es la ciudad de un
adiós y de un todo volverá a ser igual, de una cuesta inmensa e interminable,
oscura como boca de lobo. Oporto es eso y mucho más. Tantas cosas como misterios
esconden sus calles. Oporto es la cicatriz que todos quisiéramos tener.
Escuchando: Hold you in my arms - Ray LaMontagne
Escuchando: Hold you in my arms - Ray LaMontagne
miércoles, agosto 22, 2012
Coyote
La paciencia es un bien valioso pero escaso. Eso piensa mientras se tumba en la cama y aprieta el botón de encendido del mando a distancia. En la televisión aparece un viejo episodio del Coyote y el Correcaminos que no ha visto. Encuentra gracioso que, como en su propia vida, eso importe poco porque, al fin y al cabo, ya conoce el final. Mientras apura el vaso de whisky desea con todas sus fuerzas que el dichoso bicho con alas se rompa una pata o tropiece con una de esas rocas que salpican el camino y, de una vez por todas, el Coyote consiga comérselo, sin concesiones, con violencia, haciendo justicia por fin. Pero sabe que no será así porque hay finales escritos que no se pueden cambiar, que son invariables pase el tiempo que pase. Así que se levanta y se sirve otra copa.
Texto publicado en el diario Sur
Texto publicado en el diario Sur
viernes, julio 20, 2012
Oslo
Aquel verano en Oslo pasó como un relámpago. Y después sólo
quedó aquella luz helada. Los atardeceres limpios. No quedó nada, en realidad.
Porque, ¿quién sigue repasando los perfiles de las pisadas que hemos ido
dejando? Desaparecen. Ni siquiera tatuamos nuestras iniciales en un árbol
–Norwegian Wood-. Son sólo recuerdos afilados para mantenerme despierto porque,
en el fondo, sigo creyendo que la suerte tiene los frenos gastados, se te puede
cruzar en cualquier esquina, cualquier noche, a cualquier hora. Y yo mirando
todas esas luces, desde tan arriba, desde tan lejos. Allí, la palpitación
incesante; la llamada de la selva. Oslo está a mis pies y yo, con las venas vacías,
busco el brillo de tu figura, seguro de ser capaz de reconocerte entre un
millón de ellas. La vida se conquista con actitud.
Escuchando: Pyramid Song - Radiohead
jueves, mayo 31, 2012
Como la noche
Ya no me gusta
cómo huele aquí. Aquella mirada captada entre centenares de ojos. Ese instante.
Esa punzada. Cómo expresar el desengaño, el vacío, que se siente ahora, cuando
termina de picar en el pecho. En el barrio ya nadie habla de aquellos extraños
pájaros negros. Se fueron. Ni ellos dejan ya sus pequeñas marcar sobre la
oxidada barandilla. Yo siempre he sabido que los pájaros pueden matar. Al menos
a ti y a mí. El otro día tuve la tentación de marcharme y dejar la puerta
abierta. Al volver habría alguien, seguro. Y con eso me hubiera bastado. La
pintura se descascarilla dejando pequeños cráteres por todas las paredes. Me
agobia pensar que se harán tan grandes que terminarán por engullirme. Como la
noche a aquellos pájaros. Como la noche a ti.
Escuchando: Segundo asalto - Love of lesbian
jueves, mayo 24, 2012
Engaño
Probablemente ninguna de aquellas que aparecen en las fotos
eres tú realmente. Si las lanzara al aire ninguna caería boca arriba, estoy
convencido. Hay veces que las cartas están todas marcadas desde el comienzo y
la partida es una trampa en sí misma. El problema radica en lo difícil que
resulta descubrir los trucos, las mangas demasiado anchas, las dobles barajas. El
engaño habita en tantos recodos. Y en un momento determinado del camino hacer
que lees el periódico para no admitir que no ves aquello que todos ven menos
tú. Susurros en cada esquina colocándote unas orejas de burro bien grandes. Un
tonto el que lo lea en el muro de tus lamentaciones. Y así las sucesivas
vueltas a un tiovivo que nunca gira alrededor del mismo eje. Aunque lo ponga.
Aunque sean las reglas.
Escuchando: Beautiful boy - John Lennon
lunes, mayo 21, 2012
Ahorcado
Está colgado en
el kilómetro número tres de la carretera que va hacia el mar. Permanece ahí, con
una gruesa cuerda atada al cuello, oscilando al capricho del viento, con los
pies descalzos. El árbol es grande, enorme, de ramas muy largas como brazos. Aún
es de noche y nadie ha podido ver todavía ese cuerpo suspendido en el aire, la
lengua partida asomando a medias por esa boca que no es más que una fina línea.
Al otro lado de la carretera estoy yo, observando la escena, como el director
que permanece tras la cámara viendo los movimientos de sus actores. En realidad
ya he visto la película. Entera. Ahora sólo espero la secuela, que va a llegar
conforme la iluminación vaya inundando el escenario. Cuando llegue el nuevo
guión.
Escuchando: Alone - Ben Harper
martes, abril 17, 2012
Monstruos (recordando)
Ella piensa que son sus ojos. Que le duele porque le mira, porque fija
sus pupilas hasta que supuran los lagrimales. Y muchas noches no puede
dormir y abraza fuerte la almohada mientras un miedo atroz le agarra los
tobillos. Lo recuerda bien, las noches en aquella casa de enormes
ventanales, cuando estrechaba con fuerza su muñeca para que el monstruo
del armario no se la llevara y la dejara allí sola, perdida otra vez.
Ahora es igual y la respiración le traiciona cuando está lejos, cuando
sus pupilas no pueden hacer blanco. Porque una foto no es lo mismo. No
lo es. Sabe que llorar para no llorar no tiene buena pinta, igual que el
miedo a perder para no perder. Pero no lo puede evitar porque cree que
el monstruo ya no habita en aquel armario y puede estar en cualquier
lugar, acechando su felicidad, esperando para arrancarle el nuevo hilo
que la ata al mundo.
Escuchando: No más lágrimas - Héroes del Silencio
Escuchando: No más lágrimas - Héroes del Silencio
miércoles, abril 04, 2012
Gélido
¿Alguna vez te han abrazado al caer el sol?,
preguntas, tiritando de frío. ¿Quisiste alguna vez coleccionar tantas plumas
como entraran en tus manos abiertas de par en par? Yo quise y me lo
prohibieron. Tiritas. Quizás no de frío. Alguna vez pretendí rodearme de gente,
pero terminé por elegir el espacio, el vacío. Y duró, duró más de lo que
hubiera adivinado. Tanto que se convirtió en yo, y ahora no hay más hacia dónde
mirar. Tiritas como nadie que yo haya conocido ha tiritado jamás. Creí tener la
conciencia sobre mis hombros, pero no hacen más que mentirte, ¿sabes? Son
medias verdades escondidas entre los destellos del sol. Es un oír para no
escuchar. Tu cuerpo es una hoja en mitad de un huracán. Como querer pintar de
rojo todas las paredes y terminar tirándolas. Como reconocer, al fin y al
cabo, que tu vida no pertenece a nadie. Ni siquiera a uno mismo.
Escuchando: Jesus fever - Kurt Vile
viernes, marzo 23, 2012
Pegatina
Era como una pegatina de esas que llevan tanto tiempo en el
cristal que han perdido su color. O así al menos me sentía en aquella enorme
llanura llena de polvo. Dábamos dos pasos y estábamos fuera, hundidos en la
arena, azotados por la metralla que escupía el viento. Alguna vez había oído
decir que era este ambiente, que nadie podía permanecer al margen siempre. Así
que estaba esa actitud de resignación; la sensación de jaula con barrotes de
arena. Qué más daba, la vida tenía límites y nadie había escrito sobre lo que estaba al otro lado.
Escuchando: No one knows - Queens of the stone age
martes, febrero 14, 2012
Ser y no estar
Yo soy el que llega
tarde a todas las oportunidades. Yo soy el que ve siempre partir al tren, con
su chirrido metálico y su bocina de bicicleta. Yo soy el pañuelo agitándose al
viento mientras piensa que otra vez será, que habrá más trenes. Yo soy el deseo
y las ganas de ir junto a la ventanilla, disfrutando del paisaje, pero, sobre
todo, de la compañía. Yo soy horas y horas en el banco de madera del andén,
diciéndome a mí mismo que es solo cuestión de tiempo. Yo soy el que observa, abstraído,
ausente, el enorme reloj circular con sus dos soldados persiguiéndose. Yo soy
el que una y otra vez olvida el pasaporte en el cajón de la mesilla. Yo soy una
suerte de Bill Murray condenado un día tras otro a esperar el mismo tren. Yo
soy la repetición de un fracaso, de una concesión, que se perpetúa en un bucle
sin final conocido.
Escuchando: La ciudad del viento - Quique González
martes, enero 24, 2012
Zumbido
Habías llegado muy tarde y yo fingía dormir sobre la sucia cama sin deshacer. Te habías deslizado dentro de la habitación, apenas interrumpiendo el continuo zumbido del cartel de neón. Había llorado toda la noche pensando en ti, en lo que había pasado horas antes. Y ahora ni siquiera tenía fuerzas para levantarme. Tantas cosas que decir. Te miraste en el sucio espejo de la habitación, bañada a medias por la luz verde de fluorescente, y pude vislumbrar un leve brillo en tu mejilla, fugaz pero real. No te habías quitado el abrigo, como el que va de paso, y supe que esa noche no ibas a dormir junto a mí; esa noche no. Permaneciste allí, de pie junto al espejo, el suficiente tiempo como para que sintiera un miedo inconsolable, un terror que me erizó la piel. Un tiempo que no sabría cuantificar, pero que fue un simple suspiro para mí, hundido en un cenagal de pavor y reproches, incapaz de pensar. Mientras sacabas tu maleta de aquel triste armario, tuve la absoluta certeza de que iba a ser incapaz de moverme, ni tan siquiera de hablarte. Ni un solo gesto; los ojos entreabiertos. Te acercaste de nuevo hasta la puerta, despacio, casi levitando, y yo moría por ver si te despedirías, si acaso mirarías una última vez a quien fue lo que siempre quisimos ser, pero incapaz de mover la cabeza, de ganar ángulo, retenido por la cobardía. Ni siquiera entonces cesó el zumbido.
Escuchando: Passover - Joy Division
Escuchando: Passover - Joy Division
lunes, enero 16, 2012
Idealizar
Me gustaría hablar de aquellas tardes en el desierto. De las horas y horas junto a la vieja central eléctrica. Del agobio compartido y los planes que quedaron cubiertos por la arena. De las confesiones con un nudo en la garganta. Me gustaría pero quiero se fiel a todo aquello. Hay cosas que pierden su naturaleza si las dejas salir; se corrompen en cierto modo. Cuando dejan de ser pensadas para ser dichas, se transforman en otra cosa. Y yo quiero que tú seas tú y nada más. Con los mismos escenarios y los mismos actores de reparto. Yo quiero que seas mi recuerdo y de nadie más. Porque quizás si te dejo salir se me caiga un mito.
Escuchando: Like a stranger - Bodies of water
Escuchando: Like a stranger - Bodies of water
lunes, enero 09, 2012
Dibujos que son vidas
Cuando las lágrimas ya no son más que pequeñas pecas
brillantes sobre tus mejillas, te giras y clavas tus ojos en el horizonte. -¿Sabes?,
de pequeña yo dibujaba escenas sobre cómo quería que fuera mi vida. Allí había un
precioso ático con mucha luz, un perro a los pies de la cama, un escritorio
lleno de libros, un niño rubio sobre un columpio, un hombre ideal…-. Mientras
vas enumerando, yo puedo ver las instantáneas, una a una, con claridad. -Ya
hace tiempo que no dibujo, se me daba bien, ¿sabes? Mi madre me decía que
quizás algún día podría ganarme la vida con ello. No ha quedado nada-, dices
casi en un susurro mientras bajas la mirada hacia el barro que comienza a la
altura de tus pies. -Ni siquiera quise eso. Ni lo supe ni lo sé-. Te dejo
hablar por cobardía, por incapacidad. –Ahora, ni siquiera sabría dibujar un
solo sueño-. Cierro los ojos mientras dibujo con los labios un silencioso Yo
tampoco.
Escuchando: De viaje - Los Planetas
jueves, diciembre 08, 2011
En esos días
Es precisamente en esos días libres, ociosos, en los que el
tiempo se escapa lentamente, como no queriendo ocurrir, en los que tendemos a
pensar que nada es como realmente planeábamos que fuera. Quizás no mejor ni
peor, pero sí diferente. Ni las calles ni el ambiente es el que esperábamos,
pero tampoco lo es la compañía, más aún si ésta es la soledad. Pasear de la
mano de ella, en días como esos, puede poner al límite del aguante a
cualquiera. Porque es en esos días, y no en otros, en los que uno conoce la
verdadera dimensión de su espacio en este mundo, y de la mano de ella el
espacio es tan grande que entran ganas de meterse en un cafetería llena de
gente para que ocupe esos lugares vacíos, que elimine ese vértigo creciente. Es
una solución temporal, claro, pero necesaria en días como esos. Y uno contempla
con toneladas de envidia en su interior como el espacio alrededor de los demás
es inexistente, mientras que evita mirar a los lados para no tener que volver a
asustarse de la ausencia que le acompaña. El otro día –y no fue un día de esos,
claro- un amigo me dijo que gente como yo éramos víctima de un síndrome
denominado horror vacui, cuyo nombre habían cogido los psicólogos prestado del
mundo del arte para explicar la naturaleza de dicho síndrome. Yo le dije que
no, que para que eso fuera cierto, al menos en mi caso, yo debería de ocupar todas la horas de mi vida intentando rellenar esos huecos que me rodean y me aíslan.
Y no es el caso. Pero, en fin, en días como esos, en días sin nada por delante ni por detrás, es cuando uno filosofea con lo que no debería y juega más de la
cuenta a la ruleta rusa con sus sentimientos.
Escuchando: Sim sala bim - Fleet Foxes
miércoles, diciembre 07, 2011
Malditas calles
Apenas puedo
distinguir los límites de la ciudad, confundidos siempre entre esta bruma gris
y pesada, asfixiante. Tanto tiempo aquí y, sin embargo, tan perdido. En
búsqueda de algo que ni siquiera yo sé qué es. Una vez alguien -que ahora está
hundido en las profundidades de mi alcohol- me dijo que en esta ciudad no hay
calles sino laberintos. En esas calles donde hemos ganado y perdido amores,
donde hemos bebido cerveza como si no hubiera un mañana, en las que hemos
descubierto que los libros y las canciones siempre nos han mentido, ahora sólo
podemos dejarnos llevar y esperar pasar desapercibidos en sus esquinas. Camuflarse
es sin duda la mejor manera de hacerlo. Uno no desaparece ni está, se encuentra
en un limbo desde el que no hiere pero tampoco es herido. Quizás esa sea la única
manera de no salir nunca más del laberinto. Porque, al fin y al cabo, quién
quiere realmente hacerlo.
Escuchando: The death of you and me - Noel
Gallagher
jueves, noviembre 17, 2011
Tan oscuro
Está todo tan oscuro que a veces ya ni me acuerdo. Todo,
absolutamente todo, ha perdido el color y, en realidad, ha dejado de
importarme. Ni siquiera existe ya un tú que alivie las horas. Simplemente están
vacías y yo ya no me percato de ello. Todo tan oscuro y tan cerrado a la vez.
Tan ordenado. No hay espacio para la improvisación. Ese tú que existía, ese tú
sin nombre y sin cuerpo, bajó la persiana definitivamente. Y aquí está todo tan
oscuro. Ni siquiera un amago de la vieja melancolía. Antes tenía miedo de sacar
la cabeza, no fuera a ser que me acordara de ese tú que antes sí existía y no
fuera capaz de volver a ocultarla. Ahora ya no hay miedo, desde el momento en
que ya no hubo más y si hoy apareces, y si es el día, y si hoy no vuelvo a estar
solo en este sofá, y si hoy por fin paseo de la mano de alguien, y si hoy es el
día en que desaparece para siempre esta puta oscuridad.
Escuchando: The drugs don't work - Covered by Ben Harper
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
