viernes, marzo 28, 2008

A Dios rogando...

Acaba de terminar de decir a toda esa gente que se arrodilla a escucharle que amasar riqueza es uno de los principales pecados de la era moderna, algo que encamina directamente a la condenación eterna, rodeado de unos fuegos fatuos justos y faltos de compasión. Tras la extenuante diatriba y después de quitarse los ropajes adecuados para oficiar, el padre Steal abandona el recinto y se dirige a la enorme circunferencia que forma la plaza. Camina solemne sobre los adoquines, bajo un sol de justicia, con la cabeza alzada hacia el monumental edificio que se eleva ante él. La Basílica de San Pedro, una colosal construcción. Un niño pasa delante de él y se arrodilla para besar su mano. Este gesto, muy habitual por otra parte, le hace detenerse por un instante preso de una idea que acaba de atravesar su cerebro, de manera intempestiva, como si hubiera derribado todas las presas artificiales que el se ha encargado de construir durante años. Y si estuviéramos cayendo en los mismos errores que condenamos, se pregunta. ¿No estaremos, por ejemplo, amasando nosotros mismos una ingente cantidad de riquezas desde hace siglos? ¿Con todas las propiedades que poseemos y los lujos que tenemos, por ejemplo en este estado nuestro que dispone hasta de ejército propio, no podríamos dar de comer a la inmensa mayoría de la gente que muere de hambre? ¿No estaremos colaborando a la podredumbre de este mundo dedicándonos a sermonear mientras seguimos poniendo la mano y engordando nuestras arcas? ¿Tiene sentido señalar la pederastia como pecado mortal a la vez que ocultamos en nuestro seno a compañeros que han realizado este acto tan deleznable? ¿No habremos caído presos de la hipocresía haciendo lo contrario de lo que pedimos a nuestros fieles? En ese momento, un rayo de sol cayó de lleno sobre su magnífico anillo reflejando una luz morada que calentó su rostro. ¿Y quién soy yo para juzgarlo?, se dijo tranquilamente mientras reanudaba el paso santiguando a una pareja que, con mirada de adoración, le había dedicado una reverencia.


Escuchando: Oh Mandy - The Spinto Band

5 comentarios:

Mauro Spitzner dijo...

Buen texto. Y gran recomendación musical.

Un saludo.

claudia dijo...

Ojalá, amigo Trapi, que eso se le hubiera pasado por la cabeza al religioso. Pero me temo que es pura ficción. Jamás se quitarán de encima sus pecados. Menos en la plaza pública.

De acuerdo con Mauro, tus aderezos musicales siempre son de lo mejorcito. Besos.

eSadElBlOg dijo...

lástima que no hubiera interpretado el destello de otra manera. Un texto muy bueno

Pejooe dijo...

Para que luego digan que no pesan los anillos. Yo, del "Purple Clan" prefiero no hablar, irremediablemente acabo pensando en Gollum, en sus dos caras y su tesoro....

En fin...

La cónica dijo...

Vaya elucubraciones, menos mal que una luz le iluminó y le devolvió al camino purpurado. Figúrese, si las hubiera compartido con la curia. Discusiones. Denuncias públicas. Acabaría proscrito o excomulgado. Una pesadilla.

Me alegro de aterrizar aquí.

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