martes, junio 29, 2010

Seres

Todos hemos querido ser lo que no somos, y viceversa. Ya no me acuerdo de los veranos, ni del reflejo del sol en aquella chapa tuya que siempre llevabas en las camisetas. Ahora soy muchas cosas que no quise ser. Y ha habido renuncias duras y otras peores. Porque renunciar termina por ser una costumbre. Es una gran verdad que la primera renuncia duele, pero luego todo acaba entrando y se termina por mirar con recelo –envidia disfrazada- a aquél que decidió plantarse. En un tiempo soñamos con ser auténticos y decadentes, ahora sólo tenemos lo segundo, que sin lo primero deja de tener gracia. Triste es pensar que todo aquello no vuelve. Hastío y retrovisor es lo único que queda. Ya, por no verse, no se ven ni chapas tan bonitas como la que tú llevabas.



Escuchando: Bling - The Killers

4 comentarios:

Lunática dijo...

"Yo soy antes, yo soy casi, yo soy nunca. Y todo eso lo he obtenido al dejar de ser aquello que quise ser.
Arriésgate. Vive arriesgando. No es fácil, pero peor es tener miedo que te liquide".
Saludos.

Mi vida sin mí dijo...

Podría suscribir todas y cada una de tus palabras...

Borja F. Caamaño dijo...

Es así...


Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

Noagranada dijo...

Increíble, renuncie a todo lo renunciable, pero nunca renuncie a escribir, es lo que nos mantiene vivos.

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