jueves, julio 16, 2009

Vértigo

Mientras camina por las abarrotadas calles piensa que es una verdadera tragedia tener vértigo en esta ciudad. Habría preferido ser celiaco, hemofílico o alérgico a los gatos, pero no sufrir de vértigo. Levanta la mirada de sus zapatos y ante él vuelve a abrirse el skyline de la ciudad, vibrante y colorista en esa primera hora de la noche. Los hay de todo tipo, de todas las alturas, siempre con una antena coronada por su luz roja rascando el cielo. Nunca ha podido disfrutarlos y nunca podrá. Maldice su fobia. Muchas madrugadas, mientras intenta conciliar el sueño, se imagina de noche en la última planta de alguno de ellos observando las majestuosas vistas de toda la ciudad. Miles de luces multicolores y objetos en movimiento; incontables cuadrados blancos salpicando el escenario y escondiendo todo tipo de vidas. Una maqueta a sus pies. Puro espectáculo a medio camino entre lo irreal y lo desconocido. Incluso imagina las sensaciones: el viento moviendo su pelo y agitando su abrigo, el olor a lluvia, el frío estimulador. Y entonces se siente aún más frustrado, sabiéndose condenado a vivir siempre abajo, a pie de calle, con las puertas cerradas a los placeres que se desgranan por los últimos pisos de esos gigantes forrados de cristales opacos. Allí, en las cumbres, se firman importantes negocios, se desvelan turbios secretos, se organizan fiestas exclusivas. Mientras tanto, debe conformarse con los cafés a pie de calle, con los bares de siempre, los que están a nivel de suelo, como mucho un par de ellos más arriba. Así que vuelve a mirarse los pies y decide que lo mejor sería abrir una alcantarilla y disfrutar de los encantos del subsuelo.


Escuchando: To lose my life - White Lies

2 comentarios:

Borja F. Caamaño dijo...

En ocasiones es mejor quedarse en lo más bajo...

... alejado del hedor que sube cual gas hasta lo más alto.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

Lunática dijo...

El vértigo se siente tanto a ras de suelo como en lo alto de los rascacielos.
Sólo tienes que preguntarte: "Bueno, ¿cómo me las voy a arreglar?, no voy a estar toda mi vida pendiente de ti, así que ¿cómo coño voy a vivir en este mundo?” Luego, sonríes y sigues caminando y soñando entre esos idiotas que miran hacia arriba; incluido tú mismo.
Saludos.

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