martes, febrero 17, 2009

Fe

Si el alma pesa veintiún gramos, ¿cuánto pesa mi fe?, se preguntaba Ray sentado en el puente, balanceando los pies en el vacío. Y no se refería a ningún tipo de fe relacionada con asuntos teológicos, ni mucho menos. Sino más bien a una fe en lo que le rodea, en lo más cercano, en el día a día, en el seguir confiando. Ya apenas recuerda cuando empezó a sentarse al sol y a decirse vamos, las rachas no son eternas, algo bueno está a la vuelta de la esquina, todo termina por enderezarse. A tener fe. Ahora se siente dando un paso al otro lado de la línea, pasándose al ateísmo. Cada vez sale menos ese sol que le invita a pasear por cualquier calle, solo, con un libro bajo el brazo, desenterrando esperanzas para continuar equis días más. Así que pasa los días en su pequeño escondite, lo que reduce sensiblemente su contacto con el exterior, con otras personas. Algo que, por otra parte, no le resulta ningún problema dada la pereza que le supone tratar de tender puentes. La incomunicación es la religión de este nuevo siglo. A Ray, en estos momentos, no le cabe ninguna duda.


Escuchando: I'm outta time - Oasis

4 comentarios:

Mi vida sin mi dijo...

...creer en q nuestra existencia mejorará, q lo malo no dura siempre...ese gramito de optimismo es lo q nos mantiene vivos y en alerta, esperando el cambio...y q en realidad no nos volvemos tan solitarios como ahora mismo parece...aunque haya días en q por muy rodeada de gente q esté, me sienta sola, infinitamente sola...

Calypso dijo...

"La incomunicación es la religión de este nuevo siglo"

Cuánta razón...A mi hace tiempo que me paso como a Ray. Se tira como se puede cuando deja de haber un sol que te anime a seguir.

Un abrazo!

Lunática dijo...

"Crisis de existencialismo": Parece que una endemia mortal nos rodea. Es como si te pidieran la luna, y si piden la luna es porque la necesitan, pero es un imposible. Y quizás si les llevas la luna, te digan algo que no quieres escuchar y entonces...piensas. Piensas en dar ese paso al otro lado de la línea y lo das. Te quedas ahí, en tu incomunicación, en tu aparente incomprensión, sin querer salir de ese nuevo y acogedor lugar. A solas, pero anhelando "lo otro".

elena. dijo...

"vamos, las rachas no son eternas".


:)
siempre confiamos en palabras.

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